Jordi Blasi
Diseñador Industrial
10 de Mayo de 2017

Generalmente abordamos el diseño -y también la crítica hacia el diseño- desde una perspectiva funcional (sobre su uso) o bien estética (sobre su forma, a partir de unos determinados cánones o tendencias). Pero más allá de estos valores, existe un intangible que configura a menudo la forma de los productos: la normativa. Aquellas normas jurídicas que regulan los espacios y los productos para una correcta inclusión social. Una muestra gráfica de esta interferencia por parte de la normativa, la vemos muy claramente en el sector de la automoción. En 1980, cuando yo nací, el Volkswagen Golf ya existía pero su forma era completamente distinta a los modelos actuales. Las formas agresivas de muchos coches de entonces, se fueron redondeando con el fin de minimizar los daños con el peatón en el caso de un siniestro. El concepto de velocidad, formalmente traducido en un determinado lenguaje formal, tuvo que reinventarse por decreto administrativo.

Encontramos muchas otras referencias en nuestro entorno cotidiano. Afectan a productos de múltiples sectores y de forma distinta dependiendo de la región, aunque existen también reguladores internacionales como las IP, una referencia de la norma internacional IEC 60529 Degrees of Protection utilizado con mucha frecuencia en los datos técnicos de equipamiento eléctrico o electrónico.

Así que: antes de ponernos a diseñar, es esencial que conozcamos qué especificaciones deberemos respetar y abordar con totales garantías el proceso de gestión del nuevo producto.

 

1. Los primeros modelos del Volkswagen Golf se empezaron a fabricar en 1974

 

2. Modelo de 1988 despiezado en sus 6.842 partes para una foto de Hans Hansen

 

3. Comparativa entre distintas generaciones

 

 

4. Modelo Volkswagen Golf de 2016