Bernat Sanromà
Área Comunicación
25 de Abril de 2017

Ahora que los grandes de la tecnología se han empezado a posicionar en serio respecto a la realidad aumentada, es el momento de empezar a pensar en cómo va a afectar ésto a la relación entre las marcas y los consumidores.  No hay que olvidar que la realidad aumentada es una capa de información que se superpone a la imagen real captada a través de un dispositivo.

Los avances en reconocimiento de objetos, formas y profundidad dan alas a pensar que nos podremos atrever con ideas que hasta ahora eran impensables.

Uno de los campos que más se va a beneficiar de esta nueva realidad es el mundo de los envases. Hoy en día ya hay casos en los que la realidad aumentada ha conseguido aportar mucha más información y/o entretenimiento al consumdor a través de la propia caja del producto, pero en este artículo me gustaría abrir una reflexión respecto al tipo de contenido que podremos llegar a ofrecer. En la eterna lucha entre marca y producto, cada uno ha sabido construir contenidos adecuados a lo que son: alrededor de productos de consumo podemos construir todo lo relativo a cómo se utilizan (recetas, aplicaciones, trucos, consejos...) y alrededor de la marca, pues lo de siempre: valores, principios, emocionalidad a raudales... Lo que cabría esperar del contenido a ofrecer en un envase (una lata de refresco, por ejemplo) a través de la realidad aumentada son cosas tan básicas como información nutricional, ofertas, promociones, etc... Pero si lo pensamos un poco, la marca puede tener un peso importante en el punto de venta. 

Yo me imagino el momento en el que pasemos por un lineal del supermercado y los envases nos ofrezcan experiencias únicas, como por ejemplo, que un artista nos esté cantando la última canción de moda encima de una lata de refrescos, o que un bote de detergente sea en realidad una ventana a un precioso paisaje verde pintado de flores amarillas. O, por qué no, que unas cápsulas de café nos muestren a una fiesta de gente sofisticada que nos invitan a unirnos a ellos.

Las marcas tienen un nuevo terreno a explorar, el contenido empaquetado en los envases. Y el que primero empiece, primero va a sorprender. Ahora sólo falta encontrar el modo de meterlo dentro.