Jordi Blasi
Área de Producto
07 de Junio de 2017

Hace cien años, el FAD, la institución catalana para el fomento de las artes y el diseño, decidió crear una colección de copas a partir de encargos a artesanos, artistas, arquitectos y diseñadores. La colección, aunque de forma sesgada por la parcialidad que supone un solo encargo anual, se ha erigido en una interesante muestra de tendencias estéticas, de materiales y procesos, a lo largo de un siglo de historia. Entre todas ellas hay una -como apuntaba recientemente el diseñador Martí Guixé en un artículo para la revista Room- que que sintetiza mejor que ninguna otra su contexto histórico. Hablamos de la propuesta de Javier Mariscal de 1987. La propuesta consiste en un vaso de plástico, un contenedor popular y fácilmente identificable, paradigma de la producción en masa y el consumo irracional de recursos, sobre el que dibujó con rotulador uno de sus personajes, con el que el autor empezaba a ganar popularidad y motivo por el cual probablemente el FAD decidió su encargo. No debió tardar más de dos minutos, lejos de las horas de proyecto e inversión que se intuyen en otras propuestas y sin embargo, resolvió a la perfección su propósito, consiguiendo una de las propuestas más sólidas de la colección, representativa de su contexto histórico y del inicio de una nueva forma de entender el arte y el diseño.