Óscar Guayabero
Área de Gráfico y Web
24 de Enero de 2017

A raíz del lanzamiento de la película musical La La land, aquí traducida como la ciudad de las estrellas, se ha abierto un cierto debate en las redes sociales sobre su comunicación. Por un lado, el cambio de título habitual al cambiar de idioma, pero que a menudo, cambia por completo, sin estar seguros que la versión traducida tenga la misma relación con la película que el original. No llega al nivel de la película “Ice Princess” que se tradujo como “Soñando, soñando... triunfé patinando” pero pierde toda referencia a la musicalidad de L.A. que es como se suele llamar a Los Ángeles.

En cuanto al cartel, al principio se difundió uno, que era un claro homenaje a la grafica del sello Blue Note de Jazz. La película contiene varios momentos en que el Jazz es protagonista. Es un cartel sobrio, limpio, interesante. La imagen de los actores insinúa un baile próximo pero también una seducción, en un espacio neutro, frio.

Pero en la versión español el cartel que vimos desde el principio se aleja mucho de esa elegancia Blue Note. Con una tipografia Art Decó en diagonal ascendente y un azul de fondo. Los actores ya bailan en lo que parece un swing. Al fondo hay una ciudad. Todo es evidente, no hay misterio.  Si en el primero se susurraba en el segundo se grita.

Al poco descubrimos que la productora había usado el cartel inicial solo para prensa especializada y poca cosa más. El cartel “oficial” y que se ha traducido a múltiples lenguas en el segundo, el de la evidencia obvia sin misterios ni homenajes. Eso confirma que las “majors” cinematográficas suponen que su público mayoritario necesita tenerlo todo masticado y digerido para no perderse. Una pena que el cartelismo mainstream no apueste, de vez en cuando, por la calidad, en lugar de por la obviedad.