Esther Rico
Área de Espacios
03 de Septiembre de 2019

 

Los proyectos de Inés dos Santos, a caballo entre el food design y el arte, tienen como trasfondo historias locales. Su trabajo con fermentos hace que este proceso sea como una foto, como un mapa de momentos, lugares y emociones captados por los microorganismos con los que trabaja. Así consigue una relación más estrecha entre la comida y el ambiente que la rodea.

 

En el proyecto de las Azores adaptó un sistema de cocción local para una receta de pan islandés; utilizó una larga mesa en la que todos colaboraban para sacar el pan cocinado bajo tierra aprovechando el calor que emana del terreno volcánico. De esta manera tan sencilla cambió el rol de los visitantes de pasivo a activo mediante el uso de un mobiliario casi frugal.

 

La transformación del Open Space Londres, un galería, en un art café en el que el arte impregnaba desde las comida, el mobiliario hasta el papel de pared. Allí transcurrieron cenas, charlas y performances en los que consiguieron difuminar las líneas entre un estudio de diseño industrial, una galería y un comedor.

 

Finalmente realizó una instalación en la que todos los sentidos estaban en activo. Un bosque imaginario comestible, colgado del techo y sobre las mesas una composición de malas hierbas y sabrosas flores, que se pueden encontrar en los alrededores de Londres. Sabores ocultos de la ciudad.

 

Créditos fotográficos Ines Dos Santos