Óscar Guayabero
Área de Gráfico y Web
12 de Julio de 2019

Hay serias dudas de si nos hemos convertido en trabajadores a tiempo completo. Trabajamos para otros, aunque creemos que lo hacemos para nosotros. Hacemos fotos, colgamos fotos, publicamos comentarios, anécdotas, vivencias, descubrimientos, lugares, videos. Y todo eso lo hacemos gratis. Con ello conseguimos que, redes sociales diversas, tengan millones de personas conectadas a cada instante. Y eso produce dinero, pero no para nosotros. Nosotros obtenemos likes, si hay suerte, seguidores o retweets.

La pregunta que cabe hacerse es si también vamos a trabajar en vacaciones. Vamos a postear cada día alguna curiosidad del lugar donde estemos. Quizás es un paraíso, pero quizás no. En la mayoría de los casos son lugares que más o menos alguien habrá visto, fotografiado y colgado antes. El tema de las fotos de vacaciones es todo un género en si mismo. Antes era interminables pases de diapositivas, ahora avalancha de playas y pieles morenas en las redes.

 

 

Camera Restricta es un proyecto diseñado por el alemán Philipp Schmitt. Está pensado para funcionar como un detector de fotografías. Si la cámara advierte que se han tomado demasiadas fotografías en una determinada ubicación, se bloquea. La cámara está conectada a internet y por geolocalización te dice cuantas fotos hay en las redes hechas desde ese mismo punto.

El cuerpo de Camera Restricta está fabricado con una impresora 3D. En su interior lleva integrado un smartphone que se encarga de funcionar como GPS, así como de la conexión de datos. El teléfono funciona con una aplicación web que requiere de un servidor para consultar redes de imágenes, y detectar así todas aquellas fotos etiquetadas geográficamente que se hayan tomado en un radio de 35 metros cuadrados. La cámara traduce estos datos en clics que recuerdan a un contador Geiger, pero que, en lugar de advertir contra la radioactividad, representan las fotos detectadas.

 

 

Hace unos años una joven diseñadora holandesa, Zilla Van Den Born, hizo un “viaje” curioso: hizo que sus padres la acompañaran al aeropuerto para embarcar supuestamente a Asia, donde realizaría una gira de 42 días, después, regresó a su casa en Ámsterdam se encerró y comenzó su experimento para demostrar que las redes sociales son perfectas para manipular la realidad. Durante esas cuatro semanas, colgó imágenes en las que buceaba, disfrutaba de comida asiática, compartía con los budistas. En realidad, eran imágenes que retocaba, y nunca fue a una playa, por ejemplo. Eran imágenes que se hizo en una piscina y a la que digitalmente colocó un pececillo.

En un set recreó su supuesta habitación en un hotel de Tailandia usando su propio dormitorio y usando viejos regalos navideños. Desde ahí engañó a sus padres cuando los llamaba usando Skype. Para completar su experimento enviaba SMS en medio de la noche y colgó imágenes de supuestos souvenir, que realmente había comprado en mercadillos holandeses. Con su experimento demostró lo fácil que resulta “crear un mundo ideal en la red, que la realidad no puede satisfacer. Mi objetivo era probar cómo se puede distorsionar la realidad”.

 

 

Zilla Van Den Born con las imágenes de su simulacro, recogidas en el libro Sjezus zeg, Zilla, invita a que reflexionemos sobre cómo la tecnología altera nuestra percepción del mundo. "Todo el mundo sabe que las fotografías de modelos son manipuladas, pero a menudo pasan por alto el hecho de que manipulamos la realidad en nuestras propias vidas, una imagen es quizás uno de los objetos con más capas y más contradictorio que podemos ver a nuestro alrededor”, afirma la joven. "Representa la realidad, pero también la falsedad. No es un hecho, sino una opinión. Es tecnología, pero también una forma de arte” añade.

En realidad, sin llegar a ese punto, todos más o menos, falseamos nuestras fotos. Muchos fabricantes de cámaras y teléfonos móviles no buscan que sus productos capten fotos o vídeos fieles a la realidad. Prefieren que capten imágenes atractivas. Para ello se valen de las herramientas que les proporciona una disciplina en auge: la fotografía computacional.

 

 

Cada vez es más común que algunas firmas de electrónica usen en sus cámaras algoritmos para procesar el color que dan como resultado fotos con tonos saturados. Algunas cámaras alteran nuestra percepción de la realidad. Cuando el teléfono detecta condiciones de luz complejas al hacer una foto, como puede ser tener el sol de frente, activa automáticamente el modo HDR. Sin que el usuario tenga control sobre esta función. Esta técnica fotográfica se basa en captar una ráfaga de imágenes para superponerlas mediante el uso de algoritmos. El resultado es una foto con más detalles de los que observa el fotógrafo en el momento de captarla. Es eso una foto o el resultado de una rápida postproducción. Ya ni hablamos de los filtros y efectos que te ofrecen tanto los smartphones como las plataformas digitales para compartir imágenes.

En todo caso, y como consejo de alguien que hizo muchas de sus vacaciones antes de la existencia de los móviles y las redes, siempre es mejor disfrutar de la experiencia que contarla a los demás. Si hay que elegir entre vivir algo o fotografiarlo, no lo dudéis… o sí.