Bernat Sanromà
Área Comunicación
29 de Enero de 2019

Hace ya años que estamos hablando de la profunda transformación a la que las marcas y las empresas se deben someter para seguir siendo competitivas desde un punto de vista emocional. La conexión con los valores de los consumidores es clave para seguir siendo relevantes, y eso pasa por entender qué rol decide darnos nuestro público en su vida.

Las agencias de publicidad y las consultoras de marca han hecho un gran trabajo durante estos años, y cada día somos testigos de ello: nuevos productos, procesos productivos más sostenibles, campañas publicitarias llenas de valores....

Ahora es el momento de que las propias agencias, los auténticos think tank de toda esta transformación, hagan un ejercicio de introspección y comprendan el inmenso campo que se abre si por un momento empezamos a pensar en nuestro propio papel como productores y ejecutores de ideas. Lo hemos hecho muy bien durante muchos años ayudando a marcas a crecer y a consolidarse. ¿No estaría bien utilizar todo nuestro conocimiento para conseguir que pasen cosas? En realidad el método de trabajo es el mismo, aunque lo que cambia sea la materia prima con la que trabajamos. Porque no es lo mismo conseguir un aumento del 2,5% de PDM en la categoría de zumos refrigerados que conseguir que 2.000 personas llamen a un teléfono pensado para los que están a punto de tirar la toalla definitivamente. Conseguir fondos para investigación de enfermedades raras, un macro-concierto para concienciar sobre alguna causa u organizar una carrera popular para que, juntos, demos esperanza a los que ya no la tienen. Son objetivos y resultados, pero de una índole muy diferente.

Hay quien sabe cocinar y reparte comida entre los que no tienen. Otros saben construir casas y se prestan a hacerlo para los que no tienen. Del mismo modo hay publicistas que hacen cosas. Que creen que cambiar el mundo es posible. Aunque sea idea a idea.

Fotografía: ©123rf.com