Esther Rico
Área de Espacios
27 de Julio de 2020

Las dos propuestas de Formafatal consiguen convivir en la selva de Costa Rica con un punto en común: las líneas puras pero declinadas de manera formal muy dispar. Ambas están encaramadas en el monte, con unas vistas sobre la costa y consiguen utilizar las pendientes del terreno y la mata de la selva como si fueran un instrumento más de la propuesta.

Boys Play Nice

 

Me parece muy interesante como hacen desaparecer una estructura compuesta por dos grandes bloques de cemento, casi como si los hubieran dejado sin acabar, sin pulir; algo que podríamos calificar como megalítica, según sea la visual. De esta estructura de doble altura emerge una piscina perpendicular, que parece desafiar las leyes de la gravedad.

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El acabado en el interior de los baños, cocinas y dormitorio de la Art Villa contrasta con el del material dejado sin pulir, casi podríamos calificarlo de áspero. Apuestan por un estilo brutalista con concesiones en los espacios más íntimos, como paños de pared pintados con acuarelas que muestran animales tropicales, mobiliario que pone el acento de color, baldosas hidráulicas de Nicaragua y un pequeño estanque circular en la entrada, con una iluminación que pone el contrapunto contemporáneo. Parece que encuentran la fórmula de hacer desaparecer un elefante ante de nuestros ojos.

En cambio, para Atelier Villa, apuestan por algo que nos trae recuerdos de esas primeras cabañas a las que debimos llamar hogar. Listones de madera que ocultan las aberturas de la fachada que queda vista desde la carretera; utilizan la técnica Shou Sugi Ban, similar al proceso de ahumado, aplicándole fuego y aceite. La cubierta superior es verde, lo que ayuda a mimetizar los 26 metros de esta edificación en la selva, además de funcionar como aislante térmico.

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En la fachada frontal utilizan paneles de aluminio con un acabado que simula el acero corten, tratados para resistir la humedad y el calor y perforados con un patrón que crea un juego de luces y sombras en el interior además de dar privacidad. Tanto los paneles de madera como los de aluminio permiten una doble orientación: vertical, cerrando el volumen perimetral y horizontal como pérgola o generadores de sombra.

En el momento en que están subidas consiguen darnos la sensación de que estamos en una terraza cubierta casi infinita. Van más allá de borrar los límites entre interior y exterior.

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