Jordi Blasi
Diseñador Industrial
15 de Noviembre de 2017

Charles y Ray Eames consideraban el diseño como la suma de los pequeños detalles. Detalles, aparentemente menores que -a menudo- convierten a un buen diseño en algo extraordinario.

Un ejemplo de ello lo encontramos en las conteras. Ese pequeño elemento situado a modo de zapato en las patas de las sillas o las mesas y que permite una mejor fricción con el suelo. Para los Eames, mejorar las conteras fue una labor importante, de la que dan fe los constantes rediseños y mejoras en cada nueva silla o mesa que abordaban.

Sólo para la silla DCM, entre 1946 y 1958, rediseñaron sus conteras hasta tres veces. Las primeras, de metal y caucho, fueron sustituidas un nuevo modelo que confería un par de ventajas: quedaban insertadas en las patas, eliminando la necesidad de perforarlas y a la vez absorbían buena parte del movimiento. El único problema era que fácilmente se desencajaban, pudiéndose extraviar con facilidad.

Finalmente, un tercer rediseño de la contera, incorporó un nuevo material: Fabricadas de nylon, las nuevas conteras tenían un pivote incorporado para que, con solo una pequeña cantidad de presión, se ajustaran a las diferentes superficies del suelo. Aunque requerían, como en el primer modelo, perforar las patas de las sillas, su diseño y material, las convirtió en virtualmente indestructibles.