Bernat Sanromà
Área Comunicación
30 de Julio de 2019

 

Tengo instaladas cuatro Apps meteorológicas en mi móvil. Cuatro Apps que se nutren (probablemente) de las mismas fuentes, pero que dan predicciones ligeramente diferentes. Cuando tengo muchas ganas de que no haga mal tiempo, las consulto una tras otra hasta encontrar una predicción que me guste. Sé perfectamente que me engaño a mí mismo, pero agarrarse a la mejor opción (a veces la menos mala) forma parte de mi forma de pensar, permanentemente optimista.

Éste es el modo que también utilizo para estar informado acerca de lo que pasa en nuestro mundo de la comunicación, las marcas y la tecnología: recurrir a tantas fuentes como me es posible buscando ese hilo constante de tranquilidad que mantenga mi optimismo en niveles aceptables.

El problema que tengo de un tiempo hacia aquí es que me cuesta mucho encontrar algo positivo a lo que aferrarme. Ya no se habla en términos positivos acerca de lo que nos viene encima. Economía, datos de consumo, engagement con las redes sociales,... todo lo que leo anuncia chubascos. Tormentas de este a oeste. Algún terremoto. Ya se habla de conceptos como tsunami. Y lo que más me preocupa: cada vez suena más el concepto de "Extinción Masiva".

Tanto Thomas M. Siebel, en su libro "Digital Transformation: Survive and Thrive in an Era of Mass Extinction" como Gerd Leonhard con su libro "TECNOLOGÍA versus HUMANIDAD: El futuro choque entre hombre y máquina" desarrollan  esta idea catastrofista y la documentan con montones de datos, que, cuando los ves juntos empiezas a vislumbrar un poco mejor eso gigante que se acerca en el horizonte y que algunos llaman tsunami.

Lo irónico es que todos nosotros podríamos ser más conscientes de lo que va a acontecer en los próximos cinco años si prestáramos más atención a las señales. Porque en realidad todo está pasando delante de nuestras narices. Vemos cómo ya hay quien está moviendo ficha: bancos que comprenden que las oficinas están obsoletas, fabricantes de automóviles que adquieren empresas de servicios, nuevas soluciones de movilidad que ganan adeptos cada día, restaurantes que no existen físicamente, supermercados donde no se puede ir a comprar con el coche, una marca de agua envasada que ya no se vende pensando en su composición sino en lo que pesan sus botellas... y así podríamos seguir. Son cambios silenciosos, amables a ojos del consumidor. Aportan un nuevo marco de valor, entendido desde la perspectiva de quien prueba estas nuevas fórmulas: facilidad de uso, ahorro de tiempo, menores costes... Nuevos valores y también nuevos indicadores.

Vemos empresas viejas que están mudando la piel. Otras que están naciendo ahora, con un ADN totalmente diferente al de sus antecesoras. Un ADN diseñado para adaptarse al que está llamado a ser el cambio más transformador que hayamos vivido jamás, incluyendo tanto el nacimiento del ordenador personal como el de Internet.

 

 

La transformación digital que las empresas han tenido que iniciar para mantenerse a flote esta última década, parece que sólo ha sido un aperitivo de la nueva realidad que empezaremos a vivir en breve. Inteligencia Artificial, Big Data, IoT y Computación en la Nube. Éstos son los Jinetes del Apocalipsis que se encargarán de establecer un nuevo orden mundial, según muchos autores. Son los que orquestarán esta extinción masiva de empresas, lugares de trabajo, productos e incluso formas de pensar. Veremos también cómo avanza la tecnología BlockChain, y en qué lugar dejar tanto a gobiernos como a entidades financieras.

 

– Vale Bernat,... y todo este rollo...

 

Pues tiene mucho que ver con nuestra actividad.

Hemos hablado en otras ocasiones acerca de la nueva posición que las marcas tienen que tomar para seguir conectadas con sus consumidores: facilitar la vida de las personas y ser más responsables con el entorno. Ahora, a todo esto,  añadimos dos capas más de complejidad: La primera tiene que ver con la agilidad que las marcas tendrán en incorporar estos nuevos grandes agentes transformadores en su día a día. ¿Cómo una marca de supermercados puede sacar provecho del IoT?¿Qué puede aportar el Big Data a una marca de moda?

La segunda capa es el factor tiempo. Todo pasa (y pasará) extremadamente rápido. Y eso hace que todo sea más urgente. Si lo vemos en perspectiva, la implementación de estas nuevas tecnologías va a ser abrumadoramente veloz. Y eso sí que tiene más que ver con factores asociados a extinciones masivas en nuestro planeta, como las diferentes eras glaciares o los grandes meteoritos. Cambios enormes en un tiempo muy reducido.

Las agencias de publicidad, los departamentos de marketing, las consultoras... todos seremos testigos de esta gran hecatombe. De esta gran ola de cambios que nos sacudirá a todos. Nos preguntaremos los unos a los otros qué hacer. Haremos al otro culpable de todos nuestros males. Algunos nos adaptaremos, reduciendo nuestro tamaño o nuestro tipo de alimento. Otros caeremos ante los ojos impasibles de nuestros antiguos clientes, como los edificios de la escena final del Club de la Lucha. Sea como sea, lo que nos espera vivir en los próximos años será intenso y doloroso.