Bernat Sanromà
Área Comunicación
26 de Febrero de 2019

De la misma forma que sucedió en el CES hace poco, hoy presenciamos con la nueva edición del MWC un nuevo empuje en lo que a tecnología de usuario se refiere.

Antes de que casi nadie se haya podido probar las primeras, ya tenemos aquí la segunda versión de las HoloLens, con más resolución y a un coste menor. (Moore puede estar orgulloso de su mítica Ley). También se multiplican las capacidades de los smartphones, ya sea con un incremento en las cámaras, o con un formato innovador.

Y, por otro lado, la tecnología 5G que empieza ya a cristalizar en aplicaciones prácticas.

Grandes avances, de grandes marcas tecnológicas, que siguen en su carrera infinita por ser los primeros en conseguir grandes hitos. Una velocidad desbocada que resulta casi imposible de seguir. Y no sólo desde el punto de vista del consumidor, que puede renovar su parque tecnológico cada pocos meses, sino, y sobre todo, para las marcas, que necesitan su tiempo para digerir todo lo que está pasando y que cuando se sienten con valor suficiente para dar un paso, ven cómo todo ha vuelto a evolucionar y hay que volver a replanteárselo de nuevo.

Las marcas tienen cada vez más claro que el camino para conectar con su público es hacer que sus vidas sean mejores. Y también que la tecnología puede ser un facilitador para esa conexión.  Lo que cuesta hoy en día es engancharse a algo, algo que dé tiempo a asimilar y convertir en valor, tanto para la marca como para sus consumidores.

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