Esther Rico
Área de Espacios
09 de Septiembre de 2020

Estos días nos encontramos con una vuelta a los colegios un poco especial. Sobrevuela sobre nosotros la preocupación sanitaria y el COVID nos ha impuesto una serie de normas y espacios mínimos, pero me preguntó sino podríamos aprovechar para replantearnos cómo deberían ser las escuelas.

Los espacios deben acompañar a las necesidades de las personas y en este caso la de los más pequeños y los profesores. Flujos de entrada y salida, que hasta el momento se centralizaban, ya que se entendía como una medida de seguridad, mayor tranquilidad sabiendo que nadie ajeno podía entrar sin ser visto. Pero quizás ahora sería buena idea habilitar diferentes entradas, para facilitar el acceso escalonado y la menor congregación de personas a la entrada del centro. Algo que antes era molesto y que ahora implica un riesgo.

 

Pero a parte de esta idea más centrada en un tema logístico esta claro que el factor humano es el más importante, pero los espacios pueden complementar o incluso potenciarlo.

Un ejemplo sería la nueva escuela de Montebelluna por Mario Cucinella Architects a los pies del a Montaña Montello. Un lugar de aprendizaje 360 grados. Se trata de un complejo de seis volúmenes en planta baja, que se distribuyen de manera orgánica alrededor de un ágora central (patio). Cada bloque aloja un laboratorio y cuatro clases que tienen relación con el jardín exterior, con un espacio la loggia, como una extensión de la clase hacia el exterior.

 

 A mi personalmente esa idea me parece muy necesaria, me imagino la posibilidad de dar clases en porches, es cierto que habitamos en un clima mediterráneo que lo permite. Pero creo que también sería aplicable en países nórdicos, tomando algunas medidas, ya que están más acostumbrados a realizar el máximo posible de actividades al aire libre. También comparto la idea del estudio de poner en el centro del proyecto el bienestar emocional de los niños. Lo aplican tanto a la forma de los espacios, la organización de estos y las percepciones que se generan a nivel de los sentidos mediante el uso de la luz, el color, el tacto y el oído. El cerebro humano aprende de lo que le rodea, así que todos estos factores forman su futuro desarrollo.

 

Se trata de un proyecto del que solo disponemos de imágenes tridimensionales y alguno podría pensar en si finalmente se cumplirán estas premisas; así que me remito al proyecto que este mismo despacho realizó en el 2015 para la escuela de primaria de Guastalla; realizaron una apuesta por la sostenibilidad y la seguridad. Ya aquí buscaban la interacción de los niños con el espacio que los rodea. Los materiales utilizados eran de bajo impacto medioambiental y reciclados. Aplicaron ya entonces sistemas de recogida para la lluvia y placas fotovoltaicas para complementar las necesidades energéticas de la escuela.

Finalmente quería poner el ejemplo de otra escuela, cuyos espacios reflejan las que indicaciones del sistema de educación Montessori: la Nía School por el estudio Sulkin Askenazi.

Mario Cucinella Architects, Moreno Maggi y Sulkin Askenazi