Óscar Guayabero
Área de Gráfico y Web
07 de Noviembre de 2019

El Palau Robert de Barcelona expone en "America Sánchez. Clásico, moderno, jazz y tropical" una retrospectiva de este diseñador argentino, aunque afincado en Barcelona desde hace décadas. Visitar esta muestra es, al tiempo de una revisión de la obra de este prolífico grafista, un repaso a la Barcelona gráfica de los últimos 40 años o 50 años.

America Sánchez (nombre que Juan Carlos Pérez toma de su madre) llega a Barcelona en 1965, desde Buenos Aires, con algunos dólares y una carpeta de trabajos. No es el único, forma parte de un grupo de diseñadores argentinos que aterrizan en la ciudad. Desde ese momento America se integra rápidamente al tejido de la ciudad participando activamente en iniciativas tanto gremiales como culturales, sociales e incluso políticas. De su mano salen muchos de los carteles, marcas, revistas que conforman el paisaje de la Barcelona de la transición. Desde fenómenos como la Nova Cançó o la Ona Laietana hasta rótulos de locales o revistas undergrounds. De hecho la influencia del cómic underground inglés se ve reflejado en muchos de sus trabajos del momento. Porque el dibujo ha sido y es su gran pasión y del dibujo sale buena parte de su aportación a la gráfica.

Óscar Guayabero

Pero hay algo más y espero que a America no le moleste este acercamiento a su trabajo. En él veo mucho de lo que estaba pasando en EEUU, Nueva York especialmente. Hay trabajos de los 70, que me llevan a pensar en Seymour Chwast, Milton Glaser y Edward Sorel y su Push Pin Studios. Que al mismo tiempo no deja de ser una derivada de como el Pop reconvierte el cómic en gráfica. Solo así se entiende sus experimentos con lo que él llama Trochi Mochi. Especialmente presente es Milton Glaser, tanto en la devoción al dibujo de America como en su mirad transversal. En carteles como los del Festival de Jazz o las bolsas de Vinçon la sombra del diseñador neoyorkino aparece, no para restar valor al trabajo de Sánchez, al contrario, sitúa su trabajo en un nivel internacional en el cual encaja y sale airoso.

Un aspecto que nos habla de la postmodernidad de America Sánchez es su recuperación y homenaje a gráficas pretéritas. En la exposición hay un apartado sobre sus estrategias gráficas. En esta sala podemos ver como se usan gráficas, imágenes, trazos del pasado, negando el borrón y cuenta nueva del movimiento moderno y poniendo en valor la gráfica popular como materia prima para generar una nueva gráfica, ecléctica, desacomplejada y festiva. Y ese aspecto su trabajo personal, entre la pintura, el collage y el omnipresente dibujo es un laboratorio fabuloso donde se explora aquello que después y de modo adecuado se traslada a sus trabajos comerciales.

Óscar Guayabero

Cuando en los 80' en la Barcelona preolímpica el diseño local se profesionaliza, America ya está allí marcado el camino, como lo haría su compatriota Mario Esekanzi. Ellos, junto a un grupo reducido de profesionales, modernizaron la imagen de instituciones i empresas y llevaron la ciudad a un nivel gráfico que alcanzó resonancia internacional. Son sus trabajos más “serios”, aunque como diría Paula Scher pueden caer en lo “solemne”. Afortunadamente, de su incansable laboratorio personal siguen surgiendo piezas portentosas, arriesgadas y lúdicas. Así es como su trayectoria conserva una frescura y coherencia bastante singular.

El fondo sobre el que está construida la exposición y el espléndido catálogo pertenecen al Archivo Lafuente, creado en Santander en el año 2002 por el empresario José María Lafuente. Está colección exhaustiva y lúcida, consta de unos 120.000 documentos (libros, revistas, fotografías, impresos, manuscritos, cartas, collages, bocetos, carteles, dibujos, cómics, libros de artista…), conjunto al que hay que sumar más de 3.000 obras de arte (pintura, escultura y obra gráfica). Su fondo nos va dando alegrías a cada tanto, con exposiciones y publicaciones específicas como en este caso. 

Óscar Guayabero

En resumen, una exposición excelente de un diseñador imprescindible y un placer para la vista y la memoria.

Óscar Guayabero