Jordi Blasi
Diseñador Industrial
15 de Mayo de 2020

Más allá del golpe emocional que la crisis del COVID-19 está ocasionando, la percepción de vulnerabilidad que está experimentando gran parte del mundo occidental será, muy probablemente, el hecho que mayor impacto tenga en la definición de los nuevos escenarios que se dibujen a partir de ahora.

Nuevos escenarios que nos obligarán, como diseñadores, a replantear la relación con los objetos y los espacios, y a definir nuevos arquetipos formales que respondan a esta nueva realidad.

Tradicionalmente, las crisis económicas tienden a hacernos más conservadores, nos fuerzan a que busquemos refugio en estructuras anteriormente consolidadas. La naturaleza sanitaria de esta crisis, no obstante, nos obliga a mirar hacia delante y, de la mano de la tecnología, el diseño de producto tiene la oportunidad de redefinir objetos y espacios que respondan mejor a las expectativas que se vayan generando.

Gorros escolares para promover el distanciamiento en Japón, inspirados en la antigua indumentaria de los emperadores de la Dinastía Song.

Durante las últimas semanas, hemos visto muchos ejercicios en los que el diseño ha planteado respuestas de emergencia para el sector de la salud. Un sector que se ha visto totalmente colapsado por la virulencia de la pandemia. Diseños de emergencia que han posibilitado respuestas ágiles y a tiempo real, aunque no necesariamente siempre satisfactorias. 

Iniciativas que han evidenciado también las propias carencias de muchos objetos actualmente existentes. Objetos en los que su uso prolongado manifiesta serias carencias de usabilidad o confort y que en algunos casos han encontrado en el diseño, pequeños remedios para la mejora de su usabilidad. Objetos que nos obligaban a interactuar con ellos mediante las manos y que a través de artilugios más o menos rudimentarios, el diseño de emergencia ha posibilitado su adaptación. Objetos que, cuando termine la pandemia, deberemos replantear y valorar si cumplen o no con las nuevas expectativas que se estén generado. Tendremos entonces la oportunidad de proponer, con los timmings y procesos de gestión y validación debidos, respuestas más sólidas a estas nuevas necesidades.

iSphere. Máscara open source, retro-futurista del colectivo Plastique Fantastique.

Los materiales jugarán también un papel relevante. Según un estudio publicado por “The New England Journal of Medicine”, el coronavirus permanece activo durante menos horas en superficies porosas como el papel o el cartón, mientras que en otras superficies como el vidrio, el plástico o el acero inoxidable, podría permanecer hasta 72 horas. Todavía es temprano para extraer conclusiones acerca de qué materiales serán más adecuados para evitar el contagio, pero indefectiblemente, la investigación en este campo será uno de los principales aliados para la definición de los nuevos objetos y espacios que diseñaremos a partir de ahora.

Micrashell. Vestido para salir de fiesta, ideado por Production Club.

La forma en la que nos relacionamos con los objetos, y muy especialmente la manera como interactuamos con ellos, será clave para la definición formal de los nuevos productos que diseñemos. En 1985, Dieter Rams, durante una conferencia pronunciada en Washington durante un congreso del ICSID, presentó su decálogo completo sobre el buen diseño. En uno de los puntos Rams nos advierte que el diseño no puede ser un fin en sí mismo sino que debe incorporar necesariamente la innovación tecnológica.

La formulación de Rams tuvo lugar durante el inicio de la Tercera Revolución Industrial, donde el avance de la tecnología transformará los antiguos dispositivos analógicos (mecánicos y electrónicos) en nuevos modelos digitales. Pasados los años y a las puertas de la cuarta Revolución Industrial, esta crisis que estamos viviendo, fuerza definitivamente al diseño a incorporar la tecnología como herramienta para servir mejor a la sociedad.

Spot. Robot de Boston Dynamics para controlar el distanciamiento físico en Singapur. 

En 1995, Victor Papanek publicaría el libro “The Green Imperative. Ecology and Ethics in Design and Architecture” en él nos pide a los diseñadores que anticipemos las consecuencias medioambientales, ecológicas, económicas y políticas de la intervención del diseño, emplazándonos a ser extremadamente cuidadosos con lo que diseñamos y por qué lo hacemos. 

La crisis del COVID ha puesto de relieve también el colapso medioambiental que ha generado el modelo de consumo capitalista. Tenemos con esta crisis una nueva oportunidad para cambiar el modelo económico y garantizar nuestra supervivencia como especie. Para decidir si queremos que el diseño sea un simple ejercicio de cosmética para alimentar el modelo consumista o se reivindica sensible a las necesidades reales de las personas. 

BioVYZ,  cápsula de protección antivirus, ideada por VYZR Technologies.