Óscar Guayabero
Área de Gráfico y Web
31 de Octubre de 2018

 

La imagen que encabeza este post se hizo muy conocida hace unos años. Un grupo de jóvenes mirando el móvil mientras a su lado hay un magnífico cuadro. Al viralizarse (curiosamente usando la herramienta que se criticaba), muchos, expresaron su disgusto y la imagen compartida en las redes, se acompañó de frases lapidarias contra la tecnología y la adicción a los smartphones de los jóvenes. Luego supimos que esta fotografía es de unos estudiantes que acceden en sus teléfonos inteligentes a información sobre La ronda nocturna (en neerlandés: De Nachtwacht) de Rembrandt. Y que están en el Rijksmuseum de Amsterdam, siguiendo las instrucciones de unos profesores innovadores y ejemplares, haciendo que su experiencia en el Museo sea algo más que la simple contemplación. Es un ejemplo de muchos en que el tópico de que la tecnología está acabando con la creatividad o la educación, acaba siendo falso.

No hace mucho, salió un estudio que decía que mirábamos el móvil unas 150 veces al día de media. Otra vez, en los comentarios del artículo la retahíla de frases manidas sobre la alienación de los jóvenes y nuestra supuesta sumisión. Si leías el artículo, resultaba que un 30% de las veces que miramos el móvil es para saber qué hora es; un 12% para llamar o contestar llamadas y si el resto es básicamente para consultar el Whatsapp. Así que en 63 ocasiones no podríamos afirmar que estemos abducidos, simplemente usamos el móvil para hablar o substituyendo al reloj, que muchos ya no llevamos.

No se trata de frivolizar con las disfunciones que la tecnología smartphone puede provocar. Se habla ya de tecnopatías. Hay que intentar racionalizar el uso de todas las tecnologías. Eso es una evidencia y más en personas muy jóvenes. No intento negarlo. Sin embargo, hay momentos en que me parece que es un discurso sabido, que resuena a otras frases del pasado respecto a: los libros, la música, la ropa, salir, ver la televisión, los videojuegos, etc. Parece como que toda costumbre juvenil es mala por defecto.

Creo que como diseñadores tenemos el reto de saber utilizar el móvil para mejorar experiencias educativas, ya sea en las aulas o fuera de ellas. Podemos crear apps para por ejemplo, hacer entrevistas y compartirlas, hacer fotografías y analizar las imágenes, editar videos educativos, usar la animación para potenciar recursos narrativos, filmar el proceso de aprendizaje en un laboratorio durante la clase de
Biología, etcétera. Son muchas las aplicaciones que pueden utilizar con la orientación de un docente.

Rechazar de entrada el móvil es lo mismo que hicieron los intelectuales cuando la TV se popularizó. Creyeron que ese no era su territorio y la dejaron en manos de comerciales y políticos. Lo que puede dar de sí un smartphone aún está por ver. No abandonemos la lucha de hacer que sea una herramienta de conocimiento, expresión y libertad.