Esther Rico
Área de Espacios
17 de Abril de 2019

Innovar o morir, parece ser la determinación con la que el sector lujo tantea nuevas fórmulas para afrontar esta época de cambio, que a veces da vértigo. Una nueva generación a la que atraer, que prefiere las experiencias a las posesiones, que hace las compras omnicanal y que no siente la necesidad de acudir a las tiendas físicas.

Eso hace que Barneys explore las posibilidades de captar el público creciente de maría, un consumo ya no entendido como algo marginal, sino de lujo. El packaging de los producto nos evoca al de los perfumistas y los acabados de la primera tienda en la que han testado este concepto,  mármol veteado combinado con vitrinas bien podrían exponer joyería.

 

 

Chanel testea en Le Rouge, su pop-up en Nueva York y Singapour, ambientes que transitan entre un salón de París y polveras y botes de su perfume más icónico sacados de escala; como elemento común y central su color emblema, el rojo.

 

 

Tiffany encargó la tienda de Covent Garden como una apuesta por la innovación y la personalización en contrapunto al imaginario asociado a la quinta avenida. Sin renunciar a su azul, que como en Chanel es parte de su imagen de marca, pero aplicando una trama a los interiores; configurada sólo con su inicial “T”, o con los hastags animándonos a expresarnos tal cual somos. Un lugar más relajado en el que los clientes pueden sacar la nueva fragancia de una máquina de vending tuneada con sus colores.

 

 

Fotografía: Tiffany, Chanel y Barneys