Mireia González
Área de Moda
14 de Febrero de 2020

Este febrero de 2020 se cumplen 10 años sin el último de los grandes genios de la Moda. El aniversario de su muerte nos ha devuelto la mirada a su trabajo, el cual nunca ha dejado de estar de actualidad, maravillando siempre a las nuevas generaciones de diseñadores, pero es cierto que la moda en tiempos de Mcqueen era distinta, más aspiracional y fantasiosa. Se buscaba el prodigio técnico a la vez que se recogía grito antisistema de los herederos del punk, sin dejar de recrear un mundo imaginario donde todo parecía posible. Al final se trataba de maravillar, de modo teatral y dramático. Las ventas se lograban con productos secundarios, aunque no era lo más importante para los genios. A Mcqueen, el cual se suicidó a los 40 años, dicen que lo mató el amor, o su falta. Las personas más importantes de su vida habían desaparecido: su madre y poco tiempo antes, su gran amiga y descubridora Isabella Blow, icono de la moda….sin ellas la vida y su obra tenían menos sentido. A Isabella Blow, amante del campo y la extravagancia le dedicó una de sus colecciones más memorables La Dame Blue en 2008. Contaría para ello con la ayuda de otro genio, el sombrerero Philip Treacy, sin sus tocados la colección no hubiese sido tan magistral. De esa colección destacan algunas piezas ya míticas como el The Parrot Dress.

La editora de moda Isabella Blow e imágenes de su desfile homenaje en 2008 La Dame Blue:  sombrero con mariposas de Philip Treacy y el mítico Parrot Dress.

Además de para su marca homónima, Mcqueen, Lee como le llamaban en su círculo más íntimo,  trabajó para Givenchy, donde sustituirá a John Galliano en 1997, tras la marcha de éste a Dior. A pesar de que ya Galliano había sido un personaje estridente en la mítica maison francesa, la llegada de Mcqueen y su joven equipo, acostumbrados a hacer moda con plásticos y prendas de la basura, alteró enormemente el atelier de la firma. Pronto se dieron cuenta de su destreza técnica, aprendida en los sastres de Savil Row, y posteriormente en Central Saint Martins, una de las mejores del mundo.

Según explican sus profesores en  el fantástico documental de 2018: Mcqueen, dirigido por Ian Bohhôte y Peter Ettedgui, el paso por Saint Martins fue básico para entender su mezcla de referentes, su trabajo arduo, su método experimental.

La crítica de moda fue poco amable con su trabajo en Givenchy aunque posteriormente muchas de sus propuestas se han convertido en el ADN de la marca. Finalmente venderá en 2000 el 51% de su marca al grupo Gucci, a fin de financiar su compañía y por tanto le posibilitará dejar Givenchy y centrarse en su propio proyecto, hasta el momento altamente deficitario.

Propuestas de Alexander Mcqueen para Givenchy 1998.

Su sentido del humor con ironía y provocación le hizo incluir piezas muy sensuales y provocativas como sus famosos pantalones Boumsters extraídos del patronaje preciso de la sastrería pero llevados al extremo para que se viera parte del trasero de las modelos, y casi su pubis. La provocación, extraída de los ambientes nocturnos del Londres más canalla y de tribus urbanas anteriores como los punks y su diseñadora mítica Vivienne Westwood, formarán parte de su trabajo, lleno de rotos, tartanes escoceses y calaveras, las cuales imprimía en camisetas, pañuelos y hacían de broches para sus bolsos o de piezas de bisutería.

Los famosos “Bumster trousers” (1995) e imagen del documental Mcqueen con su icónica calavera.

A pesar de beber mucho del pasado a Mcqueen le encantaba la tecnología y es mítico su desfile de 2007 donde unos robots pintaban en directo un vestido blanco. Cambia por tanto el paradigma de hacer moda para luego mostrarla en la pasarela, y crea moda directamente en la pasarela, a modo de performance.

También sorprendió en su desfile de 2006 con un holograma de la mítica modelo Kate Moss, una de sus musas, y en ese momento en el ojo del huracán por unas fotos consumiendo drogas. Además del apoyo a la modelo se rompía la idea de realidad, empezaba la pasión por lo virtual.

A nivel textil también fue un innovador con la inclusión de estampados digitales en una colección de alta moda, su mítica y último desfile: ANTLANTIDA de Platón (octubre 2009) donde fantaseó con un mundo irreal.  Contó con la ayuda del fotógrafo Nick Knight, el cual realizó los espectaculares audiovisuales del desfile. Además de por los estampados que recreaban pieles de anfibios y demás fantasías en Atlántida sorprendieron las siluetas, las cuales definirán una época, destacando el calzado, un híbrido entre pezuña de animal y personaje mitológico, denominados Armadillo Shoes y que ya han pasado a la historia de la moda, a pesar de que son piezas para fantasear no para usar.

Imágenes de la colección Atlántida de Platón (2009): estampado en relieve 3D, silueta con estampados digitales y Armadillo Shoes.

Mcqueen a imagen y semejanza de otros diseñadores como Martin Margiela usará materiales de deshecho y provenientes del mundo industrial como plásticos para demostrar la idea de que se puede hacer belleza a través de los materiales más humildes, eso hacía que sus piezas fueran más artísticas que piezas para venderse, ya que eran difícilmente industrializables.

Su técnica impecable, lograda a modo experimental como los grandes maestros le hizo construir prendas emblemáticas que ya están en la historia de moda y que se mostraron en una exposición homenaje póstumo: Savage Beauty, que primero se vio en Nueva York y después en Londres, siendo una de los eventos de moda más visitados hasta el momento.

Pinterest

Fue reconocido con numerosos premios, pero la presión de superarse tras cada desfile unido a su agotamiento físico y mental, pudo con él. El 11 de febrero de 2010 acabó con su vida, y también con él se fue una época donde la fantasía, el romanticismo y la destreza técnica dieron paso a una moda más práctica y urbana, ligada a las marcas y al estilo de vida.

Mcqueen es el último romántico, con permiso de John galliano, al que a menudo se le compara, ya que hizo de la pasión el hilo conductor de su vida, y también de su muerte.

Pinterest