Jordi Blasi
Diseñador Industrial
29 de Octubre de 2019

Nacido en 1932 en Reichenau, una pequeña isla situada en el lago Constanza, en el Estado alemán de Baden-Württemberg, Ingo Maurer trabajó como tipógrafo y, terminada la Segunda Guerra Mundial, estudió diseño gráfico. Tras vivir durante unos años en San Francisco, Maurer regresó a Alemania en la década de los años sesenta donde fundaría, en Munich, Design M, que más adelante pasará a ser Ingo Maurer GmbH, la empresa a partir de la cual editaría desde entonces sus propias lámparas.

Lámparas como la Bulb, su primer proyecto de 1966. Un homenaje a la bombilla de filamento que acogió con entusiasmo Charles Eames y que forma parte de la colección del MoMa.

Lámpara Bulb, de 1966. Ingo Maurer GmbH

La relación de Maurer con el diseño se fundamenta en su vertiente simbólica. La forma de sus lámparas emulan elementos de la naturaleza, describen sensaciones y apelan a las emociones, pero se sirven también de las innovaciones tecnológicas, como sucedió con YaYaHo, de 1984, dos carriles electrificados por el que se asientan lámparas halógenas de bajo voltaje, y que se convertiría en una tipología de lámpara abastamente copiada durante aquellos años.

Carril electrificado YaYaHo, de 1984. Tom Vack/Ingo Maurer GmbH

Insectos, aves, reptiles, integran el universo de Maurer, que los reinterpreta con materiales sencillos, a menudo elementos estándares o de fácil fabricación. Lucellino o Birds, de 1992, se fundamentan de nuevo a partir de la bombilla de Edison, probablemente una de sus grandes obsesiones, a quien rendirá homenaje en 1997 con 'Wo bist du, Edison…?'.

Lámpara Lucellino, de 1992. Ingo Maurer GmbH 

Maurer no solo diseñó, sino que ofreció la empresa para la edición de propuestas de otros diseñadores, como es el caso de la lámpara Campari, de 1992, diseñada por Raffaele Celentano y que rinde homenaje a la icónica botella de Campari, diseñada por Fortunato Depero en 1932; o la Canned Light, de Christoph Matthias y Hagen Sczech, editada el año 2003. El arte Pop o el mundo del cómic, que descubrió durante su residencia en California, forman parte también del legado de algunas de sus lámparas.

Lámpara Zettelz, de 1997. Tom Vack/Ingo Maurer GmbH

Maurer nos descubrió con la luz y el diseño de sus lámparas, como, a través de un determinado lenguaje formal, la ironía y la alegoría permiten estimular el mundo de las emociones y con ello, empatizar con un determinado público objetivo que busca algo más allá de una simple fuente de luz. Inició el camino al que seguirán muchos otros diseñadores, entre los cuales, por citar algunos: Mario Nanni, Antoni Arola o Davide Groppi.

Ingo Maurer con su lámpara Porca Miseria!, de 1994. Ingo Maurer GmbH