Esther Rico
Área de Espacios
09 de Julio de 2019

La mínima expresión, cero lujos, una vuelta al primer hogar de la humanidad la cabaña, un techo, lumbre y un lugar para tumbarse.
Un interior que podría interpretarse como la celda de un monje contemporáneo, las mínimas distracciones, para que nuestros sentidos se relajen; como si nos empujara a la introspección y a la vez a una actitud contemplativa de la naturaleza gracias a ese gran ventanal realizado en plexiglás; reposar nuestra mente ayudarla a entrar en un estado de meditación

Su diseñador Robin Falck buscaba crear una propuesta móvil, que no necesitara del uso de maquinaria para su instalación y que pudiera estar hoy y mañana ya no, sin dejar rastro de su existencia. Diseñado con tornillos y pedestales adaptables a los diferentes tipologías de terreno y con la vocación de facilitar su reparación; una reflexión a como reducir nuestra huella. El inodoro, no contemplado en la cabina queda solucionado con la opción de un puesto en el puerto de la isla de Vallissari. La propuesta coherente también con materiales honestos y con una paleta de colores neutra.

Inspiración para aquellos que no se ven viviendo en ciudades cada vez más grandes o para los que sí pero necesiten desconectar de vez en cuando.