Bernat Sanromà
Área Comunicación
28 de Septiembre de 2020

En el año 1999 apareció una modesta página web que poco a poco consiguió no sólo poner patas arriba los departamentos creativos de todo el mundo sino también sacarle los colores a más de uno. Nacía Joe la Pompe, una especie de blog bastante feo que ponía de relieve los intentos de plagio publicitario que se sucedían continuamente en el sector.

Para poner en contexto el nacimiento de esta página, hay que pensar que en 1999 no existían los móviles ni las redes sociales. Internet era una broma de mal gusto y navegar requería de grandes dosis de paciencia y frikismo.

©Grey Bogota, 2018

©Possible, Moscow, 2020

Aún así, el (anónimo) creador de Joe la Pompe, consiguió que la página se conociera cada vez en más y más países, y con ese conocimiento llegó también la participación de la comunidad creativa, que, siempre celosa de sus ideas, denunciaba cualquier pieza gráfica que se pareciera mínimamente en algún aspecto a la del denunciante.  A todos nos ha pasado ver ideas publicadas que se nos habían ocurrido también. Todos hemos ido corriendo a abrir un cajón para sacar una libreta llena de garabatos y dibujitos y demostrar que por nuestra brillante cabeza ya había pasado esa idea años antes. Aunque hubiéramos sido incapaces de materializarla nunca...

La creatividad publicitaria sigue arrastrando hoy en día ese viejo concepto de posesión. Los creativos siguen luchando abiertamente por la autoría de las ideas, como patrimonio único e intransferible que deben guardar celosamente para que su portfolio sea auténtico y exclusivo. Yo mismo he presenciado varias veces acaloradas discusiones entre creativos en las que se enzarzan en convencer al otro de que la idea original es del uno o del otro. Incluso se puede llegar a discutir si hubo o no un comentario al aire, una pista para quien la quisiera cazar, que fuera la que dio pie a la idea final, y que, en ese caso, la autoría de la misma quedaba en entredicho.

Desde mi punto de vista, la figura del creativo publicitario como generador de ideas y que compite con el resto de creativos de la agencia, está por desaparecer. Es cierto que lo que nunca debería desaparecer de las agencias es la tensión creativa, es decir, esa presión positiva que te estimula y que te anima a buscar mejores ideas. Para mi el gran cambio que nos ha proporcionado el mundo digital ha sido el tener que integrar en procesos muy cercanos a la creatividad a perfiles muy técnicos. Los programadores, los analistas, los expertos en bases de datos, son perfiles que entienden el impacto del trabajo publicitario desde perspectivas muy diferentes a las del creativo. Y, precisamente por eso, enriquecen las propuestas de una forma determinante. En la medida en que estos nuevos perfiles han adquirido lenguaje y habilidades creativas, han conseguido conectar más con los creativos de toda la vida, y han empezado a pasar cosas maravillosas.

Lo más triste de todo es que, 21 años más tarde, Joe la Pompe siga siendo relevante. Siguen habiendo intentos de atraco creativos por todo el planeta, ya sea en forma de una simple gráfica, un concepto, un key visual o, ya en nuestra época actual, cualquier pieza y formato de comunicación que requiera una idea a comunicar. Su existencia nos proporciona a alguien que vigila a los ladrones de ideas, pero por otro lado da un poco de pena. En cualquier caso os invito a que le echéis un vistazo y paséis un buen rato viendo buena creatividad, buena dirección de arte,... y buenos plagios.