Óscar Guayabero
Área de Gráfico y Web
05 de Febrero de 2020

En esta sección parece que los obituarios empiezan a ser comunes. Pero vale la pena recordar aquellos que nos preceden y que hicieron camino antes que nosotros.  El 24 de enero se nos fue Wes Wilson, el que para algunos es el padre de la psicodelia gráfica de los 60’. Pertenece a “los cinco grandes” de San Francisco, junto con Alton Kelley, Victor Moscoso, Rick Griffin y Stanley Mouse.

Wilson estudió en la Universidad Estatal de San Francisco la carrera de filosofía y durante la época de la Guerra de Vietnam y las protestas en las universidades, creo su primer póster, que fue a su vez el que llamó la atención de Allen Ginsberg y de los grupos judíos de ese Estado de la Unión Americana.

El póster que elaboró mostraba la bandera de Estados Unidos con líneas rojas y blancas en vertical, ocupando toda la superficie, y en medio, el rectángulo de estrellas blancas sobre fondo azul siguiendo el patrón de una esvástica nazi. Todo esto con el mensaje “¿somos los siguientes?”, en una clara alusión a la Guerra de Vietnam y el rechazo que suponía para muchos ciudadanos. A partir de ahí iniciaría una carrera breve pero muy intensa.

Trabajando con la fusión entre el Art Nouveau y el Simbolismo, en especial en el “lettering” de los carteles de Alfred Roller y otros artistas de la de Secesión de Viena, para desarrollar una nueva grafía original. Este estilo de letra sería el principal distintivo de sus carteles. Creó figuras abstractas con ellas, redondeadas y orgánicas en cierta medida. Estas formas derivaban de su fascinación por las manchas de colores contrastadas, que al mismo tiempo encajaban con la psicodelia lisérgica de la música de los conciertos que promocionaba.

Si éxito fue tal que los carteles empezaron a venderse (y sobre todo arrancarse), independientemente del evento o concierto que anunciasen. Eso llevo a la ruptura de Wilson con la promotora musical de Bill Graham quien gestionaba el Auditorio Fillmore y Fillmore West de San Francisco. Resultó que Graham se dio cuenta que podía sacar un buen dinero vendiendo los carteles de Wilson, pero nunca le pagó royalties por ello.

En poco menos de 2 años aparecieron en Estados Unidos multitud de imitadores del arte de Wilson y él se retiró por más de 20 años de la escena del diseño, dedicándose a lleva una granja en Missouri. En los años 90 retomo por un breve tiempo el diseño. Publicó por unos años la revista a la que llamo Off the Wall, sobre el arte del cartel, poesía, e ideas. Fue un retorno breve.

Lo que nos queda de Wilson, son sus posters inmortales que, cíclicamente, son recuperados y reinterpretados por diseñadores actuales y es que los hippies (como los roqueros), aunque sea a través de sus obras, nunca mueren.