Bernat Sanromà
Área Comunicación
03 de Octubre de 2017

Las sociedades viven constantemente momentos convulsos. Reivindicaciones sociales, protestas sobre conductas poco éticas de algunas corporaciones, movilizaciones para hacer cambiar la actitud de gobiernos en algunos temas… En todas partes vemos cómo la gente se expresa, sale a la calle y se moviliza. Éste es el pulso real de la sociedad, grupos de ciudadanos organizados y compartiendo valores comunes que deciden unirse para que sus ideas sean más fuertes.

A todo esto, celebrities, líderes de opinión y todo tipo de personas influyentes, no dudan en posicionarse respecto a los temas que preocupan a la sociedad. Incluso a veces a costa de ganarse enemigos y perder seguidores. Posicionarse es algo que forma parte de nuestras necesidades sociales: dar a conocer nuestras ideas, defenderlas y reconocerse en los que piensan igual que nosotros.

Entonces, ¿deberían las marcas también expresar su opinión acerca de todo lo que preocupa a la sociedad?

La brecha existente entre las marcas y sus consumidores es de la magnitud que es entre otras cosas porque prácticamente nunca hay gestos honestos y comprometidos por parte de las marcas respecto a lo que realmente importa a la ciudadanía. Lo cierto es que para un departamento de marketing lo más práctico es adoptar una posición de "no me meto en ese jardín", y así no ganarse enemigos.

No hay una respuesta clara sobre este tema. Pero sí que vale la pena reflexionar sobre cómo las marcas deberían generar valor entre sus consumidores, y por extensión, en la sociedad en general, a través de implicarse en este tipo de problemas. Lo que pasó durante las elecciones de Estados Unidos, la postura de un club de fútbol sobre temas políticos, o el apoyo a los ciclistas urbanos de una marca de automóviles (siendo parte del problema en lo que se refiere a accidentes con ellos), pueden ser buenos ejemplos de cómo las marcas pueden encontrar vías de meterse en la vida real de la gente de forma más auténtica. Ayudará en ese camino que las marcas sean también auténticas y honestas.

©Bernat Sanromà