Jordi Blasi
Diseñador Industrial
03 de Enero de 2019

Podemos definir la creatividad como aquella capacidad que nos permite generar ideas para encontrar una solución adecuada a un determinado problema, y al diseño, como la vehiculación del proceso creativo con la finalidad de configurar productos útiles y bellos.

Pero, a veces, el diseño -o su mala praxis- ha contribuido a banalizar el propio concepto de creatividad. La creatividad es un proceso intelectual que actúa de manera lógica, procesando losdatos disponibles en primera instancia y, cuando los datos iniciales no consiguen una solución satisfactoria, activando una segunda fase que tiene como fin encontrar una solución innovadora.

Para diseñar correctamente, deberemos disponer del máximo número de datos posible. Ello implica recursos de toda índole, pero también y especialmente ser conocedores de todas las soluciones inicialmente previstas para solventar un problema parecido al que nos encontramos. No disponer de estos datos nos puede llevar precipitadamente a la segunda fase del proceso creativo y a la posibilidad de plantear soluciones aparentemente innovadoras pero que realmente no lo son.

En 1990, Alessi inició lo producción de Juicy Salif: Un exprimidor diseñado por Philippe Starck, fabricado en aluminio pulido y que reinterpretaba la forma de exprimir un cítrico. El objeto, sin embargo, no funciona bien; es poco estable y derrama el jugo fuera del espacio previsto. Una mala solución que con el pretexto de la innovación formal, banaliza el proceso creativo. Aún así, se ha convertido en uno de los más apreciados iconos del diseño.

Juicy Salif, diseño de Philippe Starck para Alessi, 1990.