Óscar Guayabero
Área de Gráfico y Web
12 de Junio de 2019

 

Cada vez hay más estrategias de comunicación basadas en esta técnica, el Storytelling, cuya traducción seria “contar historias” o lo que se ha venido a llamar, “el relato”. Hay algo ancestral en escuchar y contar historias. Quizás alrededor del fuego, haciendo de la tradición oral el único registro de la historia durante miles de años. Una buena historia no tiene fronteras, no se la puede controlar, ni secuestrar, ni tan solo censurar, porque se transmite en la clandestinidad de la intimidad, con la complicidad que hay entre los humanos.

Por supuesto, este recurso, como la mayoría, tiene un reverso tenebroso. El libro “Storytelling: La máquina de fabricar historias y formatear las mentes” de Alex Salmon es una lectura imprescindible para entender como funciona “el relato” en publicidad y en política. Y no siempre es con buenas intenciones, más bien al contrario.  Sobre el uso de Storytelling, hay un ejemplo muy conocido, cuando Steve Jobs dio un discurso en el acto de graduación de la Universidad de Stanford en el 2005. Jobs empezaba su charla, después de saludar y dar las gracias, con esta frase “Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias”. La capacidad de comunicar que tuvieron esas tres historias es conocida. El video tiene millones de reproducciones. Y no es extraño, Apple ha basado su comunicación en el Storytelling. Al margen de la calidad de sus productos, Apple es un relato. El relato de un joven en su garaje, de un luchador, de una empresa que te invita a “Thing different”. Y no es imprescindible que sea del todo cierto. Los italianos, muy aficionados de los relatos, como buenos latinos, tienen una frase fabulosa para explicarlo: “se non è vero, è ben trovato”. También lo podríamos entender como aquella otra frase “que la verdad no te estropee una buena historia”. Pero en todo caso, sea porque la vamos a usar, sea porque nos queremos proteger de “cuentos”, vale la pena conocer sus mecanismos y funcionamiento.

 

 

 

En el contexto de los video juegos, la animación e incluso las webs, el Storytelling nos puede ayudar y mucho a estructurar un proyecto. La capacidad de atrapar al usuario con una buena historia está, incluso, por encima de los efectos visuales, por muy espectaculares que sean. Nos gusta que nos cuenten historias. Pensar en los últimos éxitos, en cualquiera de estos campos y seguro que en la mayoría hay una buena historia detrás, desde Red Dead Redemption 2 a Gris, pasando por el omnipresente Fortnite, que no deja de ser un juego de rol narrativo. Estas historias se convierten en el nexo entre lo digital y lo humano, entre lo virtual y la realidad. Hace unos años, los videojuegos se centraban en juegos mecánicos donde la gente sólo buscaba poner a prueba sus habilidades, pero hoy esto ya no es suficiente. Gente que lleva jugando desde hace casi veinte años y que representa un perfil de jugador más maduro, busca nuevas experiencias, sin perder un ápice de diversión e interactividad. La función emotiva del “relato” es muy importante. De hecho, el fenómeno llamado “gamificación” que se basa en traducir en formato juego cualquier materia, ya sea educativa, social o comercial, se basa, principalmente, en atrapar al usuario en una buena historia para que este quiera llegar al final.

 

 

El otro día tuve la oportunidad de participar, como profesor, en el encuentro anual de Esdesign y me pareció muy acertado cuando para presentar el nuevo Master en Motion Design dijeron: “El propósito del curso es dotar al alumno de los conocimientos necesarios para ser capaces de dotar de movimiento a diseño gráfico. Siempre en base a ideas y conceptos con un enfoque basado en el storytelling”. Efectivamente, además de una buena técnica, los creadores en Motion Graphic son, ante todo, comunicadores. Y para poder comunicar hay que tener algo que decir. Siempre les digo a mis alumnos, si no tienes nada que decir, deja el diseño. Afortunadamente, casi todos tenemos la capacidad de generar buenos relatos, solo hace falta descubrir los mecanismos para transmitirlos.