Óscar Guayabero
Área de Gráfico y Web
06 de Julio de 2020

Es casi imposible que no hayáis leído o visto la noticia del fallecimiento del diseñador neoyorquino Milton Glaser. Y es que, tal como dice Steven Heller, en el documental To inform and Delight, “…probablemente, Milton Glaser debe ser el diseñador gráfico más conocido en el mundo”. Efectivamente, justo en el día que cumplía 91 años Glaser falleció en Nueva York, su ciudad. Desde sus inicios con Push Pin Studio a su I love NY, Glaser ha sido un comunicador brillante, un autor que ha desbordado encasillamientos profesionales y estéticos. Artículos y panegíricos de todo tipo han aparecido en toda la prensa generalista, lo que muestra su capacidad de saltar los límites de la profesión, por eso, cuando los planteamos como rendirle tributo, decidimos hacer algo un poco diferente. A continuación, os transcribimos su decálogo. Se trata del extracto de una conferencia que dio en Londres en el año 2001, en el congreso del American Institute of Graphic Arts (AIGA).

Las ilustraciones que acompañan al texto son piezas gráficas que diseñadores de todo el mundo han colgado en las redes como una forma de rendir homenaje a este influyente diseñador.

Piezas gráficas de: Quim Marín, Ray Martino, IN KIND Studio, Bill Sienkiewicz, Pedro Moura, Yonatan Popper. 

 

La charla del AIGA se llamaba “Cosas que he aprendido a lo largo de los años” y aparece recogido, junto con otras delicias, en el libro “Diseñador/Ciudadano” editado por Gustavo Gili:

1. Sólo puedes trabajar para gente que te agrada.

Es una regla curiosa que me llevó mucho tiempo aprender porque, de hecho, al comenzar a trabajar sentía justo lo contrario. Ser profesional requería que no te gustara la gente para la cual trabajabas, o al menos que mantuvieras una relación distante.

 

2. Si puedes elegir, no tengas un empleo.

Una noche estaba sentado en mi coche fuera de la Universidad de Columbia, donde mi esposa Shirley estudiaba Antropología. Mientras esperaba escuchaba la radio y oí a un periodista preguntar: «Ahora que ha llegado a los setenta y cinco, ¿tiene algún consejo para nuestra audiencia sobre cómo prepararse para la vejez?». Una voz irritada dijo: «¿Por qué últimamente todos me preguntan sobre la vejez?»

 

3. Alguna gente es tóxica, mejor evitarla.

(Este es un apartado del punto 1) En los sesenta había un hombre llamado Fritz Perls que era psicólogo gestáltico. La terapia Gestalt, derivada de la historia del arte, propone que debes comprender el «todo» antes de los detalles. Lo que debes observar es la cultura entera, la familia completa, y la comunidad, etc. Perls proponía que en todas las relaciones la gente puede ser tanto tóxica como enriquecedora entre sí. No es necesariamente cierto que la misma persona será tóxica o enriquecedora en todas sus relaciones, pero la combinación de dos personas puede producir consecuencias tóxicas o enriquecedoras.

 

4. El profesionalismo no es suficiente, o lo bueno es enemigo de lo genial.

Cuando comencé mi carrera quería ser profesional. Esa era mi aspiración porque los profesionales parecían saber todo y además les pagan por eso. Más tarde, después de trabajar un tiempo, descubrí que el profesionalismo en sí mismo era una limitación. Después de todo, lo que profesionalismo significa en la mayoría de los casos es «reducción de riesgos». Desafortunadamente en nuestro campo, el así llamado creativo (odio esa palabra porque se suele usar mal, odio el hecho de que se la use como sustantivo, ¿te imaginas llamar a alguien creativo?), cuando haces algo en forma recurrente para reducir riesgos o lo haces de la misma forma en que lo has hecho antes, se vuelve claro por qué el profesionalismo no es suficiente.

 

5. Menos no necesariamente es más.

Al ser hijo del modernismo escuché este mantra toda mi vida: «menos es más». Una mañana, antes de levantarme, me di cuenta de que era un sinsentido total, un asunto absurdo y bastante vacío. Pero suena importante porque contiene dentro de sí una paradoja resistente a la razón. Sin embargo, no funciona cuando pensamos en la historia visual del mundo. Tengo una máxima alternativa que creo que es más apropiada: «suficiente es más».

 

6. El estilo no es confiable.

Es absurdo ser leal a un estilo. No merece tu lealtad. Debo decir que para los viejos profesionales del diseño es un problema, porque el campo está manejado más que nunca por intereses económicos. El cambio de estilo suele estar ligado a factores económicos, como todos los que leyeron a Marx saben. También se produce cansancio cuando la gente ve demasiado de lo mismo todo el tiempo. Entonces, cada diez años más o menos se produce un cambio estilístico y las cosas se vuelven diferentes. Las tipografías van y vienen y el sistema visual cambia un poco.

 

7. En la medida en que vives, tu cerebro cambia.

Tengo un amigo llamado Gerard Edelman que es un gran erudito en estudios del cerebro, que dice que la analogía del cerebro con un ordenador es lamentable. El cerebro es más como un jardín silvestre que constantemente está creciendo y esparciendo semillas, regenerándose, etc. Y él cree que el cerebro es sensible a toda experiencia y a todo encuentro que tengamos en nuestra vida.

 

8. La duda es mejor que la certeza.

Todo el mundo habla siempre de tener confianza, de creer en lo que haces, pero las creencias profundamente arraigadas de cualquier tipo evitan que te abras a experimentar, y es por eso por lo que encuentro cuestionable toda posición ideológica sostenida con firmeza. Me pone nervioso cuando alguien cree demasiado en algo. Ser escéptico y cuestionar toda convicción arraigada es esencial.

 

9. Sobre la edad.

El año pasado alguien me regalo para mi cumpleaños un libro encantador de Roger Rosenblatt, llamado «Ageing Gracefully» (Envejeciendo con gracia). No me di cuenta del título en el momento, pero contiene una serie de reglas para envejecer con gracia. La primera regla es la mejor: «No importa. No importa lo que pienses. Sigue esta regla y agregarás décadas a tu vida. No importa si es tarde o temprano, si estás aquí o allá, si lo dijiste o no, si eres inteligente o estúpido. Si saliste despeinado o calvo o si tu jefe te mira mal. Si consigues o no que te den ese ascenso o premio o casa, no importa».

 

10. Decir la verdad.

Es interesante observar que en el nuevo código de ética de la AIGA (American Institute of Graphic Arts) aparece una cantidad importante de información sobre conductas para con los clientes y para con otros diseñadores, pero ni una palabra acerca de la relación del diseñador con el público. Quien esté interesado en vigilar la ética en diseño gráfico, debería notar que la razón de ser de un código es proteger al público, no a los diseñadores ni a los clientes.

Piezas gráficas de: Ariel Aimetta, The Heads of State, Toni Muca, Abigail Whigham, Sergi Rubacabo, Enza Lionardi.