Jordi Blasi
Diseñador Industrial
04 de Diciembre de 2019

En 1989, Andrew Kromelow, responsable de mantenimiento del despacho del arquitecto y diseñador Frank Gehry, decidió protocolizar su tarea de limpiar y ordenar las herramientas del taller, disponiéndolas según forma, uso y  tamaño. Así, las distintas herramientas que, tras su uso durante el día quedaban esparcidas sobre las mesas de la oficina, por la noche quedaban perfectamente organizadas generando entre ellas ángulos de noventa grados.

How to Knoll, del proyecto "Ten Bullets", de Tom Sachs.

Imagen del libro "Things come Apart", de Todd McLellan. 

 

Durante aquellos años el despacho trabajaba para el fabricante Knoll, una de las firmas más destacadas en mobiliario de oficina, fundada en 1934 por Hans y Florence Knoll. Las características artistas pronunciadas de sus muebles fueron decisivo para que Kromelow decidiera llamar Knolling al protocolo que había creado.

 

Imagenes del libro "Things come Apart", de Todd McLellan. 

 

Pero su popularidad llegaría unos años más tarde, cuando Tom Sachs, quién conocía aquél protocolo, pues también había trabajado en el despacho de Ghery, se apropió de la idea para una de sus obras, convirtiendo el valor utilitario del protocolo inicial, en una referencia estética y recurso formal. Un recurso funcional, trasladado a referencia estética y, actualmente, recurso expresivo habitual.

Imagenes del libro "Things come Apart", de Todd McLellan.