Jordi Blasi
Diseñador Industrial
21 de Enero de 2020

Responder al porqué sentimos atracción por la forma de algunos objetos ha sido una de las preguntas más recurrentes a lo largo de la historia en los ámbitos de la filosofía y la estética y, desde hace aproximadamente un siglo, también en el campo del diseño industrial. Los pensadores clásicos propusieron respuestas como la proporción áurea, mientras que, más recientemente, algunos filósofos como David Hume han considerado que la percepción de la belleza es un hecho puramente subjetivo que reside en el individuo y no en la estructura del universo, por lo que carece de sentido intentar buscar fórmulas para la determinación de la perfección visual.

Nacido en París en el año 1893  y afincado en Estados Unidos finalizada la Primera Guerra Mundial, Raymond Loewy fue uno de los diseñadores americanos más influyentes del siglo XX. Terminada la guerra, con tan solo 26 años, desembarcó a Nueva York, donde desarrollaría su carrera como diseñador industrial, trabajando para destacados clientes entre los cuales la Nasa, Lucky Strike, The CocaCola Company, Pennsylvania Railroad o el fabricante de automóviles Studebaker. 

Loewy consideraba que los consumidores están divididos entre dos fuerzas opuestas: La neofilia, un tipo de personalidad caracterizada por una fuerte afinidad hacia la novedad y la neofobia o miedo a la innovación. Como resultado, los consumidores gravitan hacia productos audaces, pero a la vez comprensibles.

Loewy llamó a este principio MAYA: Un acrónimo de “Most Advanced Yet Acceptable” o lo más avanzado pero aceptable. Un principio con el que articularía sus diseños, ideados para cautivar al consumidor y potenciar al crecimiento de las empresas a través de la venta de sus productos.

Raymond Loewy © Bernard Hoffman. Revista Life, 1948