Bernat Sanromà
Área Comunicación
29 de Mayo de 2018

Corría el año 1996 cuando el genio del terror Wes Kraven se metía en el bolsillo a toda una generación de adolescentes con la película Scream. Los que fuimos a verla al cine, presenciamos probablemente los primeros minutos más terroríficos que jamás habíamos visto en una película, gracias a una Drew Barrymore genial y una puesta en escena que iba poniendo los pelos de punta a cada llamada de teléfono.

En la película, que transcurre en una época sin móviles, sin internet y sin nada más que un reproductor de VHS y un walkman como fuente de ocio, una chica recibe una serie de llamadas que, aunque al inicio parecen inocentes malentendidos, se transforman en una auténtica pesadilla que acaba muy pero que muy mal. En esa época nos hacía estremecer a todos la idea de que alguien pudiera estar vigilándonos, supiera dónde vivíamos, cómo nos llamábamos o qué diantre estábamos haciendo a cada momento. Es algo que en esa época, libre de spam, hackers y social listening, se veía como algo espeluznante, porque sólo alguien con malas intenciones podría tener interés en reunir toda nuestra información personal y hacérnoslo saber.

22 años (y muchas secuelas) después, los consumidores seguimos estando en el centro de muchísimas miradas, que intentan saberlo todo sobre nosotros. Hoy esa obsesión por saberlo todo acerca de nosotros sigue vigente, y aunque la mayoría de veces está relacionada con propósitos comerciales, nos sigue incomodando. Y mucho. Porque hoy sigue siendo incómoda la sensación de saber que estamos siendo monitorizados. Esto pasa sobre todo con el retargeting,  cuando banners de tiendas online nos persiguen hasta el hartazgo durante nuestra navegación y nos recuerdan que hay alguien rastreando lo que hacemos, lo que leemos y lo que buscamos.

Afortunadamente, la nueva RGDP, la esperada Ley de Protección de Datos Personales, se lo pondrá algo más difícil a muchas de las prácticas relacionadas con el uso desmesurado de nuestros datos, como la compra programática, el ya mencionado retargeting, la utilización de cookies o el bombardeo de correos electrónicos. Ya se avanzó Mark Zuckerberg hace unos meses, cuando anunció que Facebook reforzaría de nuevo la privacidad de sus usuarios, después de los últimos escándalos.

Esta nueva normativa pondrá de nuevo al usuario digital en el Centro de Mando de sus propios datos, y pondrá en el lugar que les corresponde a las compañías que hasta hoy han hecho un uso consciente (aprovechando vacíos legales) de malas praxis en sus estrategias de difusión de contenidos. En realidad, si sirve para alejar unos años la visión de China acerca de los datos personales, ya habrá valido la pena.

Igual que pasaba en Scream, llevábamos demasiado tiempo siendo acosados por algoritmos algo psicópatas que no dejaban de perseguirnos. Ahora toca esperar que tanto empresas, marcas, Apps, y redes sociales pongan freno a esta persecución y nos dejen respirar un rato. Al menos hasta la siguiente secuela…