Jordi Blasi
Diseñador Industrial
03 de Julio de 2020

Cataluña es heredera de un pasado industrial que empezó a configurarse en el siglo XVIII, con la creación de las primeras fábricas de indianas dedicadas a la estampación de tejidos. En 1760, se creó la Junta de Comercio de Barcelona, y en 1775, la Escuela Gratuita de Diseño. 

En 1832 se instaló la primera máquina de vapor, en la fábrica Bonaplata, un modelo empresarial que se replicaría durante los siguientes años y que acabaría configurando el paisaje industrial del país. Posibilitando proyectos tan importantes como la construcción del primer ferrocarril de la península, inaugurado en 1848. 

Fue, precisamente, uno de estos industriales del sector textil, Francesc Bonet Dalmau quien, en 189, construiría el primer vehículo con motor de explosión de la península. Un motor que había adquirido en la Exposición Internacional de París de 1889, y a partir del cual diseñaría el chasis. 

Con aquel primer vehículo, se iniciará un interesante periplo industrial en torno al diseño y la fabricación de vehículos de motor. Iniciativas que se irían sucediendo y que ayudan a entender las peculiaridades de un modelo industrial, en el que iniciativas muy humildes han convivido con proyectos más o menos ambiciosos. Iniciativas innovadoras como la de Emilio de la Cuadra, propietario de una central eléctrica en Lleida, que el año 1898 fundó la “Compañía General Española de Coches Automóviles E. de la Cuadra, Sociedad en Comandita” para la fabricación de vehículos de propulsión eléctrica. Un proyecto fallido -como tantos otros que vendrán- a causa de la limitada autonomía de aquellas primeras baterías. Una historia de pequeñas empresas familiares donde la motocicleta resultará fundamental.

Montesa A-45.El primer modelo producido por Montesa, en 1945.

 

La primera motocicleta catalana no aparecerá hasta el año 1903, cuando Miquel Villalbí, mecánico de motocicletas y bicis con taller en Barcelona, construirá la primera moto equipada con un motor monocilíndrico de cuatro tiempos. De aquellos años destacan diversas marcas comerciales, muchas de las cuales eran, en realidad, importadoras de motocicletas europeas con un cambio de nombre.

En 1906, se fundó el Reial Automòbil Club de Catalunya, y en 1913, el Amateur Moto Club Barcelona, que se convertiría más adelante en la Reial Moto Club de Catalunya. A partir de los años veinte, aparecerán los primeros fabricantes vinculados con las carreras de motocicletas, entre las cuales destacan marcas como S.G, Alpha, Lutètia, Fusté o Samsó. Pequeñas iniciativas personales que se irán implementando por todo el país. De los años cuarenta destacan los hermanos Sanglas, responsables de una motocicleta de 350 cc y motor de cuatro tiempos, que supondría el inicio de una saga de motos de gran cilindrada. Casi al mismo tiempo, Pere Permanyer decide cambiar el rumbo de su empresa, dedicada hasta entonces a la fabricación de gasógenos, para fundar, junto con Paco Bultó, Montesa. Una nueva marca que se acabará convirtiendo en una de las más emblemáticas de nuestro país y que este año celebra su 75 aniversario.

Montesa A-45, en su versión “señora”.

 

Para celebrarlo, el Palau Robert de Barcelona ha organizado una exposición retrospectiva que hace un recorrido cronológico de la marca, exponiendo 43 modelos de motocicletas, cedidas por diversos coleccionistas y por la Colección Permanyer, del Museo de la Ciencia y la Técnica de Terrassa. En la exposición, destacan modelos míticos de la industria del motor como la Impala, la Brío, la Cota, la Cappra, y otros modelos menos conocidos como la Mini-Mini. 

La visita empieza explicando los orígenes de Pere Permanyer, artífice de la aventura empresarial e industrial de Montesa, y su empeño para ofrecer una nueva forma de movilidad a una sociedad que empezaba a dejar atrás la posguerra.

Montesa Fura, prototipo de 1958, presentado en el XXVIII Salón Internacional del automóvil y de la Moto de Ginebra.

 

En 1944, Pere Permanyer y el ingeniero Francesc Xavier Bultó se asociaron para iniciar la fabricación de motocicletas. Lo hicieron en un momento en el que no se disponía de recursos, ni industria, ni mano de obra especializada. De aquellos primeros años, destacan algunos éxitos deportivos, el vínculo con el circuito de Montjuïc y la aventura de salir a correr por Europa, en pruebas míticas como el Duch TT o la Isla de Man. Los éxitos comerciales les obligarían a trasladar, pocos años después, la pequeña fábrica de la calle Còrsega a una nueva planta donde producirán el modelo Brío. Un período que acabará con la salida de Paco Bultó de la sociedad y un consiguiente nuevo planteamiento industrial. 

Montesa Impala, fabricada a partir de 1962 y ganadora del Premio Delta de Oro.

 

Lanzada en 1962, la Montesa Impala resultaría de la unión entre el equipo de ingenieros y el diseñador Leopoldo Milà. Un modelo que, todavía hoy, circula por las calles de Barcelona y que se ha convertido en un símbolo para varias generaciones. Su motor mono bloque supondría la base para modelos de otras disciplinas como el cross, el trial o el enduro. 

Siete motos, además de dos motores e ingenios mecánicos desarrollados y patentados por Montesa, explican, en la exposición, este segundo periodo de la compañía. 

Montesa Cota 247, fabricada entre 1968 y 1980. Ganadora del Premio Delta de Plata.

 

El crecimiento de la afición por el off-road, impulsaría la apuesta de Montesa por el mercado internacional. Fueron los años de los lanzamientos de las Cappra, la King Skorpion, la Texas, o la Cota, un nuevo modelo que todavía hoy, tras 52 años, sigue en producción. Una etapa frenética de lanzamientos de nuevos modelos, incluyendo la comercialización de una gama de ciclomotores que acabarían dando excelentes resultados comerciales.

Montesa Microscooter, fabricada entre 1963 y 1973, a partir de una licencia de Laverda.

 

La especialización iría acompañada de éxitos internacionales en varias disciplinas deportivas, destacando el primer Campeonato del Mundo de Trial conseguido por Ulf Karlson, en 1980. Una complicada década, en la que la caída de las ventas supondría una amenaza para la viabilidad de la compañía. De este período se exponen 26 motocicletas y tres motores, algunos de ellos, experimentales. 

Montesa Mini-Mini, moto plegable fabricada por Montesa entre 1970 y 1972.

 

Con la llegada de Honda, Montesa vivirá una nueva época dorada en la alta competición. Su entrada permitirá iniciar un acuerdo de fabricación de modelos Honda en la planta de Esplugues de Llobregat. La colaboración derivó en un interés de la marca nipona por adquirir Montesa, manteniendo la marca para los modelos de trial. La aportación de nueva tecnología permitirá el desarrollo de nuevos motores de 4 tiempos para los modelos de trial, con los que Montesa continúa siendo el referente mundial. 

La apuesta por la especialización de Montesa en el trial ha permitido consolidar un potente equipo de pilotos que han conseguido grandes éxitos mundiales en los últimos años.

La exposición termina con uno de sus últimos modelos: La Cota 301RR, diseñada por el equipo interno de Montesa y Jordi Milà, y finalista en los Premios Delta 2020.

Montesa Cota 301RR, diseñada por Montesa Honda, S.A.U. Departamento de nuevo modelos y Jordi Milà Studio. Finalista Premios Delta 2020.