Bernat Sanromà
Área Comunicación
10 de Julio de 2018

Pocos acontecimientos consiguen mantener enganchados delante de la tele a más de 12 millones de espectadores en este país. Pero todavía menos consiguen llegar a la mitad de la población total del planeta. El Mundial de Rusia 2018 es un acontecimiento que atrae el interés de medio mundo, pero también de los que ven oportunidades de sacarle partido a esa ingente audiencia.

Las marcas han jugado un papel determinante a lo largo de la historia de los mundiales, pero es en estos últimos años en los que se ve más claramente un auge de marcas que, pese a guardar a veces una enorme distancia con el mundo del fútbol, han decidido tener una presencia relevante en ellos. En realidad, de lo que se trata es de canalizar la pasión que genera este deporte en el mundo a través de mensajes relacionados con valores universales: la deportividad, el compañerismo, al consecución de metas...

Las marcas que apuestan por vincularse a una selección concreta son las que aceptan un riesgo más alto. No olvidemos que la selección de un país pasa durante varias semanas por delante de absolutamente todo. Hay países que se paralizan literalmente cuando hay partido de su selección, y que, por otro lado, vuelcan toda su pasión y sus anhelos de reconocimiento mundial en cada uno de los pases. La emoción está a flor de piel, y las marcas van a poder asociar sus propios valores     a esos abrazos, esas lágrimas y esos gritos. Pero lo que nunca se debería olvidar es que una selección de fútbol son 20 chavales jóvenes sometidos a una presión inimaginable. Y que de esos 20, tres o cuatro son los que gobiernan el estado de ánimo del equipo. Y de esos tres o cuatro, siempre hay uno que está enfadado con alguien. O por algo. Y entonces, te das cuenta de que una campaña enorme en la que vamos a gestionar las emociones de millones de personas, dependen de que un chaval de 28 años esté ese día con ánimos de salir y jugar bien.

El resultado es siempre una campaña de comunicación difícil de gestionar. Aunque tengas un plan B por si caes en octavos. O aunque tengas un plan C por si uno de los futbolistas de la nota y medio mundo vincula su actitud con lo que tu marca abandera.