Jordi Blasi
Diseñador Industrial
29 de Mayo de 2020

Durante el siglo XX la economía experimentó grandes transformaciones y consolidó nuevos modelos que se han perdurado hasta el día de hoy. Durante la primera mitad del siglo, y especialmente en el mundo anglosajón, las empresas empezaron a concentrar cada vez más poder y la economía de muchos países occidentales fue progresivamente relegando los modelos tradicionales de producción por sistemas que requerían la configuración de nuevos espacios de relación. Nuevas oficinas donde concentrar un gran volumen de personas que ya no requerían herramientas, más allá de una máquina de escribir o un ordenador. 

Espacios de trabajo que, terminada la pandemia del COVID-19, deberán articular, a través del diseño de producto, soluciones a las nuevas necesidades que se generarán. Oficinas que combinen el teletrabajo con espacios de relación entre trabajadores, y que superen de algún modo, también, las soluciones temporales que en forma de mamparas y kits de desinfección, han ofrecido ágiles respuestas de emergencia.

Las primeras oficinas eran espacios abiertos que emulaban las antiguas fábricas.

 

A principios del siglo XX, en los Estados Unidos, empezaron a construirse edificios de oficinas que tomaron como modelo a las antiguas fábricas, generando grandes espacios abiertos donde situar a sus empleados. Y es que, en realidad, los sistemas de trabajo abierto no son nada modernos, sino que se remontan a las primeras grandes oficinas que se proyectaron en ciudades como Londres o Nueva York. Espacios diáfanos, articulados a partir de mesas, sillas y máquinas de escribir. Sin embargo, en la Europa continental, la configuración de las oficinas priorizaba una mayor jerarquización, y se articulaba mediante distintos espacios privados.

Bürolandschaft, el primer sistema de oficinas planificado por los hermanos Schnelle.

 

No sería hasta después de la segunda guerra mundial, cuando, en la entonces Alemania Occidental, se empezó a replantear la configuración del sistema de trabajo, planteando nuevos espacios basados no tanto en la ascendencia jerárquica del trabajador, sino en la organización según objetivos y grupos de trabajo. En 1958, los hermanos Eberhard y Wolfgang Schnelle idearon el primer sistema planificado para la oficina. Su idea era eliminar las filas uniformes de escritorios e introducir un sistema más acorde con la productividad. Un sistema al que llamarían Bürolandschaft o paisaje de oficina.

Con el Bürolandschaft de los hermanos Schnelle, los altos cargos directivos fueron retirados de las oficinas hacia el piso principal, las áreas fueron separadas por plantas y se colocaron pantallas para reflejar las necesidades de los equipos y la comunicación.

Sistema Action Office, diseñado por Robert Propst y fabricado por Herman Miller.

 

Unos años más tarde, Robert Propst, tomaría el relevo de aquella primera propuesta de los hermanos Schelle, erigiéndose en uno de los grandes referentes del diseño de producto para el equipamiento de oficinas. Propst, que a lo largo de su vida acumuló más de 120 patentes, desde cosechadoras hasta válvulas cardíacas, se unió Herman Miller a principios de los años sesenta. Herman Miller era ya, por aquel entonces una empresa especializada en el diseño y fabricación de mobiliario para oficinas. Con Propst crearon una unidad de investigación que tendría como reto analizar las transformaciones que estaban experimentando los entornos de la oficina, a partir del cual, aportar respuestas a través del diseño. 

Propst centró sus investigaciones en cómo trabajaban las personas, cómo viajaba la información y el impacto que el diseño tenía en la productividad. Habló con psicólogos, matemáticos y antropólogos y llegó a algunas primeras conclusiones: Estar sentado durante demasiadas horas no era un hecho saludable, y que la mayoría de las personas necesitan lugares para combinar el trabajo privado con el colaborativo

En 1964, presentaron Action Office: Un sistema moderno para el equipamiento de oficinas, todavía vigente hoy en día y con el que Herman Miller lograría convertirse en el principal fabricante del mundo en su sector. Ingredientes flexibles, con capacidad de reorganización según las necesidades de la oficina. Escritorios ajustables en altura y áreas que posibilitaban la concentración durante el trabajo, y a la vez interactuar con los colegas de trabajo.

Las cifras de ventas, desafortunadamente, no reflejaron el éxito con el que el mundo académico y el propio sector recibieron aquella propuesta. Si bien la adaptabilidad de Action Office parecía un entorno de trabajo ideal, los acabados de alta gama elevaron demasiado el precio de aquella primera colección. 

Sin inmutarse, Probst tomó los comentarios con calma y los utilizó como base para la próxima generación de Action Office. Para esta segunda versión, Propst se centraría en dar a los trabajadores mayor espacio personal. Algo que permitiría a las personas reclamar y personalizar su territorio, sin sentirse aislados de la actividad de la oficina. Con ello nació Action Office II.

Action office II: La segunda generación del sistema, desarrollado por Herman Miller.

 

Las décadas de 1970 y 1980 fueron décadas de auge para los mandos intermedios. Sin embargo, tampoco eran lo suficientemente “importantes” para disponer de despachos privados. A este factor se debe el enorme éxito que conrearían a partir de entonces los cubículos ideados por Probst. Elementos rentables que permitían a las empresas hacinar más personas en un mismo espacio. Antes de que terminara la década, las oficinas se convirtieron en océanos de cubos, llenos de gerentes intermedios que iban de una actualización de estado a otra.

Inteior de las oficinas Chiat Day, ideadas por Frank Gehry.

 

Durante los años setenta, tendrían lugar los primeros experimentos de teletrabajo, aunque la realidad tecnológica no posibilitaría un cambio de modelo hasta entrados los años noventa, con la proliferación de ordenadores portátiles, teléfonos móviles y -muy especialmente- de internet. 

Entre los pioneros de aquel modelo cabe destacar la figura de Jay Chiat, propietario de la agencia de publicidad Chiat Day, que en 1991 contrató al arquitecto Frank Gehry para que proyectara sus oficinas. Un espacio icónico, que se convertiría en emblema de la arquitectura posmoderna, por los gigantes prismáticos de su fachada, obra de los escultores Claes Oldenburg y Coosje van Bruggen. Chiat quería cambiar completamente el sistema de trabajo y para ello ideó un nuevo modelo completamente móvil, en el que los trabajadores no tenían un puesto fijo y donde todos los espacios eran comunes. Aunque el sistema no acabó de funcionar, abriría la puerta al modelo de oficinas contemporáneas, de espacios más flexibles, equipadas con zonas de descanso y espacios de relación, pero también por zonas personales donde poder concentrarnos para trabajar.

La evolución tecnológica, la consolidación de internet y el contacto forzado con el teletrabajo, al que la pandemia del COVID-19 ha obligado a muchas empresas, abre la puerta a un cambio de paradigma, a partir del cual, los diseñadores industriales a través de la articulación de elementos y espacios de trabajo, podemos ofrecer respuestas. Soluciones para una nueva realidad que debemos anticipar con una simple pregunta: ¿Volverán a ser igual los espacios de trabajo?