Óscar Guayabero
Área de Gráfico y Web
07 de Mayo de 2020

Ante la imposibilidad de ir a bares y restaurantes, la compra de vino, cava, vermuts, aperitivos, etc. en los supermercados ha aumentado considerablemente. Las redes se han llenado de imágenes de aperitivos en el balcón, comidas elaboradas con cariño acompañadas de un buen vino, brindis virtuales con los amigos, cenas exóticas en el pasillo, etc. En muchas de ellas, aparecen las botellas de los vinos o bebidas elegidas y las botellas con sus etiquetas. Como diseñadores no podemos dejar de fijarnos en ellas, en su color, tipografías, diseño, incluso en el naming del vino en cuestión.

Como sabemos, en los últimos años, ha habido un verdadero boom en la innovación de las etiquetas de vino. Incluso ha producido que haya estudios especializados en ellas. Hay entornos más abiertos a la evolución que otros y España ha sido uno de los lugares donde más fuerte se ha apostado por el diseño como estrategia de diferenciación y puesta en valor de sus vinos. Muy diferente es Italia o Francia, por ejemplo, mucho más conservadores en este sentido. Aunque algo empieza a moverse incluso en entornos reacios. La frase que acuñaron los franceses “Etiqueta moderna es sinónimo de un mal vino” ya no tiene ninguna credibilidad. De hecho, varios estudios sitúan en la etiqueta el factor definitivo para la elección del vino y el mercado parece haber asumido la innovación como algo que aporta valor y no que resta calidad al contenido. En muchos casos, además, el diseñador también trabaja el naming del vino e incluso a veces, en la propia confección del tipo de vino, intentando asesorar a los productores en que vino encajará mejor para el mercado que están buscando.

 

Hoy os presento 10 etiquetas de vino, hechas en nuestro país, que por su diseño, me han parecido interesantes.

Blanc de Roure. (Clase Bcn)

Claret Serrahima es un diseñador de Barcelona, de la primera hornada del diseño profesional. Empezó trabajando con Enric Satué, uno de los padres del diseño gráfico y pronto destacó por su capacidad de crear imágenes comunicativas llenas de referencias culturales. Ya hace años que Clase  Bcn, su estudio, trabaja con L'Olviera, una cooperativa de Vallbona de les Monges que no solo hace buenos vinos sino que tiene un interesante proyecto social detrás. En esta ocasión, Serrahima hizo un homenaje al artista Joseph Beuys para la etiqueta de este vino blanco. Fue uno de los primeros intentos de modernizar las etiquetas y tuvo su parte polémica, pero sin duda abrió el camino para otros estudios.

Llavors (Senyor Estudi)

El “Llavors” juega en el doble sentido de las palabras en catalán (Llavors puede ser “semillas” o “entonces”). En la etiqueta se busca un vínculo temporal entre la vida del vino y la del propio consumidor, a través de su gráfica. Mediante un recorte de periódico publicado cuando se recogida la uva, se viste la botella. Utilizando siempre composiciones en blanco y negro, claras y tipográficas, cada año luce un artículo diferente que posteriormente es sellado por un 'Llavors' con tinta roja. Singularizar es la estrategia.

Atlantis (Moruba)

Moruba son Daniel Morales y Javier Euba, dos riojanos responsables de crear algunos de los mejores trabajos gráficos del sector del vino. Quizás por su entorno vinícola, han entendido como pocos como combinar innovación y diseño con comunicación. Estos vinos Atlantis son el reflejo de cinco variedades autóctonas con influencia atlántica: Albariño, Treixadura, Godello, Hondarrabi y Mencía. La iconografía entre los mapas antiguos, con sus monstruos de mar y algo parecido a un mosaico de azulejos, crea una colección bastante interesante de etiquetas.

Pelio (Ibán Ramón + Dídac Ballester)

Durante el tiempo que estos dos diseñadores valencianos compartieron estudio realizaron este  trabajo para un vino tinto de Vilarre Vinum. Lo que intentaron era remarcar carácter absolutamente artesanal y una producción muy reducida. Las etiquetas numeradas no son una novedad pero en este caso, la pusieron en un estadio de protagonismo indiscutible. Así, cada botella es claramente distinta, on objeto único. El resto de la información gráfica se sitúa en un mismo plano tipográfico sin entrar en competencia con el número de serie, icono del diseño de la etiqueta.

Cala Rostella (Xavier Bas)

El estudio de Xavier Bas debe ser uno de los más profesionalizados en el sector de las etiquetas de vino. Hace unos años hicieron un trabajo fabuloso para una empresa papelera, donde inventaron toda una colección de vinos y tendencias, para mostrar los diferentes papeles y acabados. Ese catálogo es una referencia imprescindible para entender la evolución del sector. En este caso, se trata de un vino del Empordà, de una serie de tres, hecho por vinicultora Anna Espelt. Las ilustraciones son de John Hewitt, un artista de Manchester que desde hace muchos años, cada día hace un apunte al natural de la vida de su ciudad. Se le invitó a pasar un fin de semana en el Cap de Creus y de los paseos junto con el diseñador salieron las ilustraciones de las etiquetas.

Glorya (Tsmgo)

No siempre un buen diseño tiene que ser rompedor. Glorya parece apostar por una estética clásica, una etiqueta muy limpia que podría parecer añeja. El Estudio Tsmgo se basaron en una etiqueta que responde a una composición de vinos de borgoña clásicos, en los que se acompaña con una literatura explicativa en la que la marca desnuda y la intervención del autor a modo de firma sella el conjunto. La producción de la etiqueta con un papel algodonado y técnicas como la estampación, le dotan al conjunto de matices, naturales, artesanos que rememoran los orígenes de las artes gráficas.

Casa Mariol (Bendita Gloria)

En las antípodas de la anterior, Casa Mariol es uno de los proyectos que más ha dado que hablar en los últimos años. Bendita Gloria, (Alba Rosell y Santi Fuster) desarrollaron un proyecto global de identidad que comprende desde el naming, imagen gráfica, packaging y elementos de promoción. La idea era transmitir algo amateur, cogiendo la lectura de esta palabra en el sentido de aquello hecho por “los amantes de”. Como los vinos están hechos en casa, sin producción industrializada, su gráfica utiliza recursos igualmente caseros como: wordart o cliparts. Es de aquellos casos en que o te encanta o lo detestas.

Valdemonjas (Pati Nuñez)

Pati Nuñez es ya toda una institución en el diseño, su trayectoria es larga, coherente, sólida y brillante. Entre sus muchos trabajos hay un buen número de packagings para marcas blancas, un sector muy complejo del que siempre ha salido airosa. En este caso, es un proyecto para unas viñas de Ribera del Duero y no solo diseñaron las etiquetas sino que también decidieron el naming. Pensados como poemas campestres los nombres: “El primer beso”, “Entre palabras”, “Los tres dones”, “Abrí las alas”, son destinados a una variedad distinta. El diseño de las etiquetas refleja los conceptos de la bodega: familiar, emocional, naturaleza, cultura, historia y artesanía, mediante un lenguaje sencillo y emotivo. Se ilustran con grabados antiguos que nos hablan de naturaleza y también de historia.

Viamic (Ingrid Picanyol)

La diseñadora Ingrid Picanyol tiene, a pesar de su juventud, un largo bagaje en el diseño tanto aquí como en otros países. En este proyecto se juega con el naming (Viamic se podría traducir como Vinoamigo) y en la gráfica se explota una cierta abstracción. Desde lejos, las etiquetas parecen simplemente bonitas y de colores vivos, pero según su autora “El diseño de la etiqueta aspiraba a usar el lenguaje de Instagram (donde vemos imágenes de nuestros amigos), pero empleando imágenes borrosas, similares a las que vemos cuando intentamos cargar alguna imagen pero no disponemos de una conexión a Internet bastante buena”. Eso conecta con el entorno donde se hacen estos vinos, lejos de las zonas urbanas. 

Xitxarel·lo (Albert Virgili)

Por último, una etiqueta que en realidad no es una etiqueta. El nombre de este vino blanco joven remite a un insulto catalán de difícil traducción. Sería algo parecido a un chiquillo que quiere ser más de lo que es. En todo caso, el vino, apostó por una propuesta para conectar con un público joven, reuniendo en la botella una buena colección de insultos simpáticos serigrafiados sobre el mismo vidrio, acompañados de alguna pequeña ilustración que hace referencia al significado de la palabra. El resultado es un objeto juguetón que en la mesa se presta a lecturas y bromas repasando las palabrotas gráficas.