Jordi Blasi
Diseñador Industrial
11 de Julio de 2018

Arquitecto y diseñador, Alvar Aalto se inició en los postulados del Movimiento Moderno y es considerado uno de los grandes promotores de la Arquitectura Orgánica, un movimiento especialmente vinculado a su Finlandia natal.

De su obra destacan edificios como la biblioteca Viipuri, el Santuario de Paimio o el Ayuntamiento de Säynätsalo y objetos como el jarrón de Iittala, el taburete 60, la silla A69, el sillón 41 o la lámpara A811. Muebles y lámparas editados por Artek, la empresa que fundaría junto a su mujer Aino.

Pero de entre todo su legado hay un edificio que adquiere un especial valor: Su casa de verano. Un lugar aislado que proyectó a modo de muestrario de materiales y técnicas de construcción. La fachada interior y el patio se convierten en un espacio de experimentación para la colocación de distintos tipos de ladrillo, de distintas tonalidades, formas y acabados; ladrillos esmaltados, vitrificados, o más porosos, alineados construyendo distintas geometrías y usando diferentes métodos de construcción para su colocación. Un espacio de experimentación en el que poder analizar su resistencia y durabilidad.

Una de las lecciones más importantes que cualquier diseñador debe asimilar durante su formación es aprender a observar. Aprender a observar más allá de lo superficial y lograr interpretar hasta el aparentemente más insignificante detalle. Lograr entender soluciones constructivas, identificar procesos de fabricación e integrar en nuestra biblioteca neuronal, el amplísimo muestrario de materiales, proporciones, grosores, radios, uniones… pequeños detalles que sumados, constituyen formalmente la identidad de los objetos.

Casa Experimental en Muuratsalo, Alvar Aalto

Taburete X600, Alvar Aalto, 1954. Artek

Sillón 406, Alvar Aalto, 1939. Artek

Silla 65, Alvar Aalto, 1935. Artek

Taburete 60, Alvar Aalto, 1933. Artek

Taburete 60, Alvar Aalto, 1933. Artek

Sillón 41, Alvar Aalto, 1932. Artek