Óscar Guayabero
Área de Gráfico y Web
17 de Abril de 2019

Se suele asociar la tecnología, y las más avanzadas en cada momento con más ahínco, a una imagen de un Nerd y Geek, es decir tipos con pocas habilidades sociales encerrados en un sótano rodeados de ordenadores mientras su madre les grita desde la cocina. Al margen de los tópicos, parece que la tecnología es territorio masculino. Nada de eso es cierto. Solo dos ejemplos para desmentirlo.

Estos días hemos visto por primera vez el aspecto que puede tener una “Agujero Negro”. Este cuerpo estelar, o anticuerpo para ser exactos, ya lo especuló Einstein pero hasta ahora no se había podido fotografiar. El logro, aunque colectivo, se debe en gran medida a una mujer, la Dra. Katie Bouman. Ella es la creadora del algoritmo para integrar los más de 5 mil millones de gigabytes de información recopilada por 8 radiotelescopios y 200 científicos alrededor del mundo, para formar, en tres años de trabajo, la primera imagen real de un Agujero Negro. “Somos un crisol de astrónomos, físicos, científicos e ingenieros, que es lo que se necesita para lograr algo que parecía imposible”, dijo la ingeniera en Electrónica y Ciencias de la Computación. Bouman comenzó a desarrollar el algoritmo hace tres años, cuando era estudiante de posgrado en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT por sus siglas en inglés). Allí, lideró el proyecto con la asistencia de un equipo del Laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial del MIT, el Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian y el Observatorio Haystack del MIT. Obviamente, y como ella misma dice es un logro colectivo, Andrew Chael, compañero en el MIT de Bouman, también ha contribuido de forma notoria al proyecto, hasta el punto de que algunos internautas le atribuían a él el mayor mérito. El propio Chael se apresuró a desmentirlos. En una entrevista con The Washington Post, Chael detalló que realizó un trabajo importante, pero Bouman "realizó una enorme colaboración en cada etapa". "Claramente, la campaña, fue iniciada por gente que estaba molesta porque una mujer se convirtiera en la cara de esta historia”, declaró.

El caso recuerda bastante a Margaret Hamilton. Fue ella quien lideró el diseño del programa informático que se usó en el Apolo 11, la misión que puso al hombre en la Luna en 1969. Llegó a tener a 400 personas a su mando. Según ella misma: “para que el sistema funcionara era importante trabajar transversalmente con el "software", con las personas y el "hardware". Es por ello por lo que consideraba que se debía diseñar el programa tomando en cuenta todos estos elementos y sus posibles fallos, con el objetivo de eliminar el riesgo de que fallaran durante la operación clave. Su software sirvió para realizar cálculos durante la misión y estaba equipado con un “sistema de detección de errores que podía salvar vidas”. En caso de producirse un hecho inesperado, el programa era capaz de avisar a los astronautas en una serie de pantallas. El reto más difícil para Hamilton fue combinar el funcionamiento del programa, que tenía un cierto retraso, con la comunicación por voz con los astronautas. Lo programó utilizando lenguaje ensamblador, mucho más difícil que los lenguajes más populares de hoy en día.

Hace algunos meses Hamilton visitó Barcelona para el Grad Cohort Workshop, unos talleres que se celebraron en la capital catalana con el objetivo de tejer una red de mujeres informáticas. Preguntada por el objetivo de estas jornadas declaró: “Por supuesto que queremos inspirar a las mujeres a que hagan lo que quieran y sean capaces”. Sirva este pequeño post para seguir potenciando la presencia de mujeres en todos los ámbitos, también en los tecnológicos.