Óscar Guayabero
Área de Gráfico y Web
13 de Febrero de 2020

Ahora, que el Oscar a la película de animación se lo ha llevado una previsible Toy Story 4, quisiera hablar de una película de animación desconcertarte, a parte del cambio de nombre, en origen se llama “J'ai perdu mon corps”, que correspondería a “He perdido mi cuerpo”. Competía junto con la española Klaus de la que hablé hace unos días. Son dos películas estupendas, pero Hollywood, está vez, se miró el ombligo.

La trama de “¿Dónde está mi cuerpo?”, en principio, es absolutamente surreal: Una mano cortada se escapa de un laboratorio con un objetivo crucial: volver a encontrar su cuerpo. La mano oye, ve, siente. Así que de inicio has de pactar contigo mismo que no te harás preguntas absurdas de cómo eso es posible. El director, Jérémy Clapin, habitual en películas de animación para adultos, nos lleva a esa situación con pasmosa naturalidad. Y una vez allí ya nada es igual.

http://www.xilam.fr/

De ella se ha dicho: “una sucesión de decisiones visuales tan majestuosas como rompedoras una historia tan simple como la vida misma: la de la búsqueda de la identidad” (Cinemania) Y eso es exactamente. A menudo, la animación escora hacia los efectos visuales. Otras veces, la imagen está demasiada supeditada a la historia. En esta ocasión es justamente la deslumbrante imagen la que ayuda y da cuerpo a un guion complejo, áspero, pero fascinante.

Teo Bugbee de The New York Times, dice que: "Tiene mucha imaginación, pero por desgracia es demasiado desconcertante —e incluso desagradable— para ser disfrutada”. Entiendo su problema, es cierto que hay momentos crudos, aunque nunca caen el gore, pero la crudeza sólo te repele si la historia no te atrapa y eso es muy difícil con esta película.

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De hecho, a mí, me molestó más los momentos “románticos” del metraje. Es entonces es cuando peca de una cursilería propia de “Amélie”, escrita por el mismo autor: Guillaume Laurant. Afortunadamente, “¿Dónde está mi cuerpo?” hace uso de una construcción sonora centrada en la expresión de las texturas táctiles, (aquello que “ve” la mano) para desdibujar el romance, ensamblando así la odisea de una mano empeñada en volver a encajarse en su brazo.

Combinando CGI y animación tradicional, el trazo rugoso y firme realza el silueteado de sus personajes, animales y partes del cuerpo, al tiempo que los fondos muestran un París inédito, una ciudad desde el punto de vista de una mano. La animación es poco efectista, con movimientos muy sutiles. Intenta hacer sencillo lo complejos que son los movimientos humanos y a menudo, lo consigue. Aunque es principalmente una película de animación tradicional, las animaciones se lograron realizando dibujos a mano alzada sobre animación realizada en CGI, especialmente en algunos de los planos más impresionantes y ciertos elementos y escenarios, aunque las dos técnicas están tan bien integradas que es difícil darse cuenta de la inclusión de elementos en 3D. El resultado es una película con un aire retro en su manufactura, pero muy sugerente en texturas mixtas entre las dos y las tres dimensiones presentes en la pantalla. Como muestra, este fragmento donde se ve como se pasa del 3D a la animación tradicional para no perder la calidez.

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Toda la animación computarizada se hizo con Blender, un software libre de gráficos 3D que Jérémy Clapin ya había utilizado en su cortometraje Palmipedarium (2012). Después de hacer las animaciones tridimensionales de los personajes, el estudio les aplicaba un entorno bidimensional con la herramienta Grease Pencil que estaba integrada en Blender, al que posteriormente se añadían detalles. El proceso de layout se hizo desde los estudios de Xilam en París; después se reenviaba con instrucciones al estudio externo Gao Shan de Reunión, que pulía el proceso de animación digital, y luego se reenviaba al estudio de Xilam en Lyon para ajustar detalles. Toda la postproducción se hizo desde los estudios centrales de París.

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Hay otro detalle por el que me hubiera hecho feliz que hubiera ganado, “¿Dónde está mi cuerpo?” no sale de Pixar o Disney (aunque ahora sea casi lo mismo), es una película de los estudios Xilam, una empresa mediana, que no podríamos decir que sea independiente pero que no es una “major”. Toy Story 4 es una gran película y su atención a los detalles es excepcional, pero tiene un presupuesto capaz de soportar eso y más. El mérito de esta “J'ai perdu mon corps”, es fabricar una pieza de joyería audiovisual lejos de los grandes estudios, sin perder calidad ni renunciar a la experimentación. En fin, una muestra más de que, a pesar de los Oscars, la animación no sólo es para el público infantil y que aún quedan muchas posibilidades narrativas y estéticas por explorar.

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