Óscar Guayabero
Área de Gráfico y Web
08 de Enero de 2020

Acababa el 2019 con la noticia de la desaparición del culpable de que muchos nos dediquemos a esto del diseño Los que rondamos los 50, vivimos nuestra juventud ligados a la música postpunk, tanto la que venía de Inglaterra como la que se hacía en EEUU. Si el diseñador vinculado a Factory Records del sonido Manchester del momento fue Peter Saville, Vaughan Oliver se dio a conocer a partir de las portadas para el sello 4AD y del grupo de Boston, Pixies. De hecho, Pixies fue una d ellas bandas más influyentes en el sonido postpunk y rock alternativo de finales de los años 80'. Él diseñó las portadas de varios de sus discos, incluidas las de ‘Surfer Rosa’ (1988) y ‘Doolittle’ (1989), además de ‘Trompe Le Monde’ (1991), ‘Indie Cindy‘ (2014), ‘Head Carrier‘ (2016) y ‘Beneath the Eyrie‘ (2019). Otros grupos para los que realizó portadas fueron Cocteau Twins, Mojave 3, Dead Can Dance, Breeders, The Pale Saints, Throwing Muses.

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Para muchos, las portadas de los discos fueron, más allá de una forma de conocer a grupos que oíamos por la radio, una de las primeras experiencias estéticas vinculadas con el diseño. Lo mismo que le pasaba al propio Vaughan Oliver quien en una ocasión dijo hablando de su juventud en Newcastle: «No había una cultura real, mis padres no estaban realmente interesados en nada inusual: todo lo que yo recibía era a través de las portadas de discos. Fue una forma democrática de descubrir el arte». También en esa ciudad fue donde estudió Diseño Gráfico en el Politécnico de Newcastle-upon-Tyne.

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Más tarde se mudó a Londres donde desarrollaría gran parte de su carrera con el sello discográfico 4AD. Su estilo, ecléctico, a ratos barroco, oscuro, complejo y fascinado con lo extraño, encajó perfectamente con una música que no buscaba las tonadas pegadizas y los éxitos de radio fórmula sino que pretendía dar forma musical a una generación que anduvo entre el punk y el grunge, entre el rock alternativo y la experimentación electrónica.

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Al mismo tiempo fue el momento de la irrupción de las herramientas digitales y eso ayudo a crear imágenes con muchas capas donde fotografía, tipografía, fondos, manchas y texturas reconfiguraron el diseño y la gráfica. “Misterio” y “ambigüedad”, en sus propias palabras, eran dos de las características que mejor definían su obra, cifradas en cubiertas muchas veces surrealistas, generalmente sombrías, dotadas de una magnética animalidad.

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Quizás las dos portadas más emblemáticas de Vaughan sean las de sendos LP de Pixies: Surfer Rosa y Doolittle. En ambas lo tenebroso, lo excéntrico y lo furioso conviven para crear un imaginario hecho a medida para la banda de Black Francis. Cuando veías esas portadas en la tienda ya sabías que te enfrentabas a un disco difícil, áspero y a la vez fascinante. Pero además eran imágenes tan potentes que muchos sentimos las ganas de dedicarnos a la profesión que hacía posibles esas obras. Estos días, tras su muerte, no pocos mensajes en las redes sociales van en esa dirección. Reconociendo el magnetismo de su trabajo y su capacidad de crear adictos al diseño gráfico.

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