Esther Rico
Área de Espacios
06 de Julio de 2018

¿Pueden los colores vibrantes, como los de la exposición Harmonics in Space, ayudarnos a entrar en un estado mental zen? La respuesta es sí. Generalmente asociamos al uso de colores poco saturados, incluso lo acotamos a diferentes tonalidades de blanco; el amplio espectro de colores de la instalación, la vibración de cada uno de ellos, carga nuestro nivel energético; se trataría de aplicar la cromoterapia al espacio físico, con el objetivo de aumentar nuestro bienestar.

La artista Fred Butler genera un interior que no sabemos porque nos ayuda a fluir; basado en los principios de Rudolf Laban, cuyo trabajo equiparaba arquitectura y danza; ambas se definen a través del espacio.

De ahí el uso de diferentes formas inspiradas en poliedros, las figuras en que se podían sintetizar los movimientos de los que danzaban. Algo similar a la sensación de que una composición funciona al aplicar la proporción áurea en diseño gráfico.
Las “healing spheres” nos permiten centrar nuestra atención, conectar con nuestro interior, si a eso le añadimos una banda sonora diseñada para relajarnos sonando en unos cascos aumenta el efecto “cocoon”.

Al ofrecer un espacio en el que al sentarnos de forma relajada y poner en contacto nuestra piel con una superficie con textura, activamos otros circuitos neuronales. El sentido del tacto es el que se desarrolla antes en el ser humano y la piel marca el
límite entre nosotros y el espacio que ocupamos; actualmente a veces se puede ver relegado a una pequeña superficie, nuestras huellas dactilares.

Podríamos entender este interior como si de un gran origami se tratara, pero en el material base es la espuma en lugar del papel.

 

Fotografías de Charles Emerson
http://nowgallery.co.uk/exhibitions/harmonics-in-space/