Bernat Sanromà
Área Comunicación
23 de Abril de 2019

El mundo de las agencias ha sufrido innumerables transformaciones durante los últimos diez años. Muchas son las que se quedaron en el camino, al no dimensionar bien el tamaño de la ola de cambio que llegaba para arrollarnos a todos. Otras consiguieron mantenerse a flote peregrinando en un mundo digitalmente analfabeto. Y otras, como las grandes agencias, las que nacieron en Madison Avenue, decidieron incorporar el máximo de nuevo conocimiento en el mínimo de tiempo. Nuevos perfiles, nuevas capacidades. Eso las hizo mayoritariamente resistentes a las contantes sacudidas de un mercado que se transformaba a cada momento.

Hoy, cuando parecía que las aguas estaban, no más tranquilas, pero sí más controladas, empezamos a ver un movimiento nuevo. Inesperado para algunos y lógico para otros. Vemos cómo las grandes consultoras, como Deloitte o Accenture hacen acopio de talento creativo, de know how publicitario. Empiezan a ofrecer servicios mucho más integrales a sus clientes con el objetivo de no dejar escapar ni una sola oportunidad de negocio, y lo hacen apostando fuerte, adquiriendo grandes agencias independientes por todo el mundo.

Lo que podría parecer una asociación bilateral en aras de reforzarse mutuamente debe tener en cuenta un tercer jugador: los clientes. Las grandes compañías, los grandes departamentos de marketing e innovación de las grandes empresas, que necesitan nuevas soluciones, nuevos modelos de negocio para dar respuesta a estos nuevos tiempos que estamos viviendo. Hoy más que nunca las ideas, la innovación y la orientación a negocio están íntimamente ligadas a la tecnología. Eso sí, a un tipo de tecnología ajena al gran consumidor. Tecnología de análisis, de predicción, de datos al servicio de las decisiones. Todo esto obligará a reformular los objetivos, a revisar los equipos humanos y a marcar nuevas pautas y nuevos horizontes.

Las agencias dieron un gran paso hace diez años. La transformación digital fue algo tan necesario como antaño lo era tener la planificación de medios en casa. Pero ahora volvemos a necesitar un nuevo cambio. Una nueva forma de definir nuestro trabajo que dé una mejor salida a lo que nuestros clientes esperan de nosotros: seguir formando parte de la vida de las personas. Y más ahora que las fórmulas que funcionaban empiezan a no ser tan efectivas; la publicidad ya no se percibe como un mal necesario, sino como un torpe e inapropiado impedimento de seguir disfrutando de la experiencia de zambullirse en las capacidades que nos brindan nuestros dispositivos móviles.

Nuevos modelos de negocio. Nuevos modelos de agencias. Nuevas ideas y profesionales para liderar este cambio.

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