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ESDESIGN - Escuela Superior de Diseño de Barcelona
07 de Abril de 2020

Los diseñadores gráficos, así como los maquetadores, desarrollan un trabajo en el que la tipografía es una pieza clave. La mayoría conocen en profundidad las principales familias, sus características, cuándo conviene usarlas, y en qué se diferencian unas de otras. Pero una persona que no tiene unos conocimientos muy profundos sobre tipografía puede sentirse perdido cuando escuche hablar de uno u otro tipo de letra. Un manual detallado de tipografía, como este del que hablamos en ESDESIGN, puede ayudar.

Además de ser una de las familias de tipografía más relevantes, forma parte de las tipografías denominadas popularmente como serifas, el grupo más numeroso de todas. Su característica más distintiva es la presencia de serif en sus letras. Esto es, que sus letras llevan como pequeños remates en las terminaciones de varios de sus trazos.

Este grupo de tipografías, las serifas, son también de las más utilizadas en escritura a lo largo de la historia, gracias a la tradición en su uso, la proporción de sus elementos y lo agradable y cómodo que es leer textos impresos con ellas. Precisamente, por esos remates de los que hemos hablado. Pero, además, la tipografía romana tiene otras características, y se divide en diversas categorías, que veremos a continuación.

Tipografía romana: principales características

Además de los remates en el acabado de las letras que hemos mencionado, la tipografía romana tiene otras características que la diferencian de otros tipos de letra. Entre ellas está que sus trazos tienen una modulación que se puede apreciar a simple vista.

Los tipos de letra que engloba se dividen en cinco familias: romanas antiguas, romanas de transición, romanas modernas y egipcias.

Tipografías romanas antiguas

Los tipos de letra de la tipografía romana antigua se caracterizan por contar con una terminación aguda y tener una base bastante ancha. Los trazos a dar para componer sus letras son variables, finos en ascendentes y gruesos en descendentes. La separación entre los caracteres de esta tipografía es amplia y su apariencia es, en general, de letras pesadas y tono intenso.

Entre los tipos de letra de las romanas antiguas, también llamadas Garaldas, se puede incluir a las tipografías Garamond o Trajan, Bembo, Centaur, Minion o Sabon. Son las que más hacen referencia a las letras y los números tal y como se trazaban en la Roma Antigua: grabadas en piedra como un cincel.

Romanas de transición

La familia de tipos de letra englobada en la tipografía romana de transición es, como puede deducirse, una evolución de la romana antigua. La primera muestra de su evolución está en su serif, con una terminación más aguda. Sus trazos son también variables, pero hay más diferencia entre los trazos más finos de una letra y los más gruesos (en las antiguas había menos diferencia entre ambos). Eso sí, estas diferencias no son tan marcadas como veremos en las modernas.

Las letras minúsculas de esta evolución de los tipos romanos no son tan angulosas, y muestran una redondez más marcada. En este tipo de tipografía están, entre otros, los tipos Baskerville, la popular Times New Roman y la Century Old Style.

Tipografía romana moderna

Su principal característica es que el serif de sus letras es lineal, y se traza en ángulo con los bastones de las letras. Los trazos son todavía más variables que en el caso de las romanas de transición, y mucho más que en la tipografía romana antigua. Otra de sus principales características se da en las letras de sus tipos cuando se escriben en cursiva. En ese caso, destacan por su notable inclinación, y los textos escritos con ellas se asemejan a los realizados con algunos tipos de escritura caligráfica.

La mayoría de los tipos de letra de la tipografía romana moderna tienen un aspecto algo clásico, y se asemejan a los tipos de letra más populares de finales del siglo XIX y principios del XX. Entre los tipos de letra que podemos considerar como romanos modernos están la Bauer, la Bodoni, la Caxton, la New Baskerville, la Centennial, la Mona Lisa, la Didi y la Ultra Condensed. A estas letras también se las llama didonas, un nombre que surge de la combinación de tipógrafos del siglo XIX, Fermín Didot y Giambattista Bodoni.

Tipografía egipcia

Este grupo de tipos de letra, como todas las romanas, tiene serif. Eso sí, tiene el mismo grosor que el que tienen los bastones de cada letra. Además, este puede ser cuadrado o redondo. La relación que pueden tener el bastón y el serif puede ser angular o curva. Entre los tipos que se pueden considerar egipcios están la Robotik, la Memphis, la Cooper Black o la Clarendon.

Esta última fue precisamente la primera tipografía egipcia en aparecer, y lo hizo allá por la década de los años 20. El resto aparecieron en los años siguientes, y a pesar de su antigüedad no han perdido vigencia. Por las formas de su cuerpo, de dimensiones medianas, se utilizan bastante para la edición de libros y textos. Son tipos muy cómodos y claros para la lectura, lo que redunda en un uso muy extendido en imprenta y también en fotocomposición.

Además de los tipos de letra egipcios originales, hay una variante bastante popular de esta tipografía romana. Se la conoce como italiana, y es una tipografía romana egipcia caracterizada por su estrechez. Además, los bastones horizontales de sus letras son mucho más gruesos que los verticales. No es una familia grande, y destaca por su armoniosidad, lo que la lleva a figurar con frecuencia en algunos titulares. Además de por este nombre, también se la conoce como tipografía colonial.

Estas son las categorías principales de la tipografía romana, aunque hay otras, como las denominadas de lectura, las creadas para publicaciones en las que la calidad de la letra impresa y su facilidad de lectura son primordiales. Entre ellas están la Bookman, o la New Century Schoolbok. También las conocidas como romanas atípicas, como la Tiffany, que son las que presentan unos elementos fijos y variables trazados con una interpretación libre de las reglas de la tipografía romana.

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