Óscar Guayabero
Área de Gráfico y Web
16 de Octubre de 2020

Estos días se está celebrando el Festival de cine Fantástico de Sitges. En su apartado de animación, además de algunas joyas japonesas y alguna adaptación en 3D, que no se aguanta, hay una sorpresa para los que la animación para adultos nos parece un territorio a explorar.

Lava es una producción argentina del realizador Ayar Blasco. Bueno, en realidad Blasco es un hombre orquesta: guionista, productor, director de animación, dibujante e ilustrador. Una producción pequeña pero que sin embargo apunta maneras y sigue la estela del cortometraje “Mercano, el marciano” donde hizo las funciones de Director de Arte.

 

A diferencia de sus cortos (se pueden ver de manera gratuita en Instagram o YouTube agrupados bajo el título de “Chimiboga”), en los que la búsqueda pasa por recursos humorísticos que fluyen entre lo negro y el sinsentido, sus largometrajes muestran una mayor complejidad dramática, pero sin perder el humor cáustico.

Lo que hace especial a Lava es una mezcla de animación muy sencilla con personajes muy sintetizados con una trama delirante y tronchante a partes iguales. Entre “Hora de aventuras” de Pendleton Ward y “Arròs Covat” de Juanjo Saez, la película navega entre la épica descerebrada y la crítica a unos modernos de ciudad. Aunque Ayar trata con cariño a sus personajes, se deja ver un punto ácido.

La trama, aunque a momentos caóticos, nos lleva de lo doméstico a la acción sin perder el humor. El personaje principal es una tatuadora, Débora que se gana la vida dibujando la piel de sus clientes. Una noche cualquiera, su compañera de vivienda invita a su novio y a un amigo a la casa que comparten. Sentados en el sillón, consumen la serie del momento, Gain of Clones (un guiño a Game of Thrones), hasta que, de repente, la señal se corta y la pantalla se tiñe de rojo mientras flotan unas imágenes subliminales. A partir de ese momento el mundo cómodo, aunque monótono, de sus vidas, gira hacía la épica lisérgica, donde nadie recuerda lo que pasó los últimos dos minutos.

 

Vamos descubriendo como civilización de origen desconocido, la Cultura Lacrimal, se instala en la Tierra provocando el caos. Apoderándose de los medios de comunicación, los “lacrimales” transmiten una señal hipnótica a través de las pantallas de todos los dispositivos, con el objetivo de anular temporalmente la conciencia de las personas. Al mismo tiempo, unos gatos gigantes aparecen en las terrazas de los edificios de Buenos Aires y desde ahí observan todo, inmóviles y amenazantes. En ese contexto, Débora, con algunos problemas de autoestima, descubre junto a un grupo de amigos que existe una especie de resistencia que se comunica a través de las historietas, (¿quizás un guiño a la fabulosa serie “Utopía”?).

Lo interesante del film es que no se queda en ser un argumento que podría entrar en “Rick y Morty”. Hay la autoconciencia, que se manifiesta a través de personajes que no solo saben que están dentro de una película (los conocidos giros del metacine), sino que son capaces de percibir su propia naturaleza animada. Solo así es posible que Débora y sus amigos salten desde la azotea para escapar de un gato y terminen reventados contra la vereda, pero que a la escena siguiente la huida continué a la carrera, mientras uno de ellos exclama: “¡La animación lo aguanta!”. También, tras la primera aparición de la bruja, un personaje se asombra de lo bien animada que está, “parece 3D”, exclama. Y al mismo tiempo, una especie de retrato generacional entre las películas grunges de los 90 como “Reality Bites” y las series actuales para un público kidult, (los adultos que se niegan a crecer y abandonar su faceta freak o nerd). En realidad los personajes parecen escapar de la cotidianidad y la animación forma parte de esa escapatoria.

 

El film, dividido en fragmentos de once minutos, podría perfectamente ser una de las series del bloque de animación para adultos de la cadena Cartoon Network. Imagino que habrá a quien su aspecto le eche para atrás, pero quien sepa apreciar el encanto de su estética tiene ante sí una hora de entretenimiento.

En fin, que esta combinación entre la comedia juvenil y la ciencia ficción (llena de guiños a la cultura pop y de participaciones especiales de famosos) tiene un encomiable despliegue visual con una sencilla, pero no por eso menos subyugante y eficaz animación en 2D. Muy recomendable para los amantes de la animación sin exceso de efectos especiales y pensada para un público adulto. Aquí tenéis el trailer para poder catar esta pieza que os enganchará.